sábado, 23 de junio de 2007

Abusos de autoridad de la Policía Religiosa en Arabia Saudí

Ahora que le hemos dado el toisón de oro al Rey Abdullah Bin Abdulaziz Al Saud (primer musulmán que lo recibe a pesar de que los miembros de la orden no podían ser herejes -gracias Tekena por la información-), no está de más recordar algunas cosas que hace la Comisión para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio (la temida Policía Religiosa saudí) para cumplir su función de impedir que la gente se desvíe del camino recto.

Nos lo cuenta una mujer, Bushra Faisal Al- Sebaei, en el Arab News aunque traducido del diario saudí Okaz.

Abuso de autoridad.
Bushra Faisal Al-Sebaei • Okaz


Omar ibn Al-Khattab, el segundo califa, dijo: "Que Dios bendiga a aquél que me haga ver mis faltas y defectos". Otro proverbio famoso dice: "Tu amigo es aquél que te dice la verdad". Con esto como punto de partida nos gustaría discutir la cobertura mediática reciente de tres casos que provocaron un gran interés en el público. Los tres fueron las muertes de dos hombres en los calabozos de la Comisión para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio y la criada que cayó desde un edificio en Jeddah cuando miembros de la Comisión entraron en su casa.

En cuanto a la muerte de Sulaiman Al- Huraisi en un centro de la Comisión en Riyad, su hermano declaró que miembros de la Comisión lo golpearon cuando lo arrestaron en su casa. Y antes de eso, se conocieron otros incidentes en los que estaban involucrados un sauí y su mujer. El hombre había aparcado enfrente de su casa cuando dos miembros de la Comisión aparecieron de repente y les acusaron de no estar casados. Golpearon al marido y después persiguieron y atacaron físicamente a la mujer cuando intentó escapar de ellos. Como consecuencia se formó un comité para investigar el incidente. Los miembros incluían elementos de la Comisión, representantes del Gobierno local, la Policía y el Comité de Investigación General.

También tenemos el caso de un joven en Manfuha (barrio de Riyadh) que fue golpeado en público por miembros de la Comisión hasta sangrar y cuyas ropas fueran desgarradas en pedazos. Tras comprobar la identidad del joven, los miembros de la Comisión se disculparon diciendo que había sido un error de identificación.

Uno de los casos más graves se refiere a una madre, su criada y sus hijas de 22 y 12 años. Dos miembros de la Comisión atacaron su coche, golpearon al conductor, le sacaron del coche y condujeron el vehículo a una zona aislada. Entonces dejaron a las mujeres solas en el coche y acusaron a una de ellas de ser una pecadora y una delincuente. Las encerraron en el auto y una de las hijas intentó conducirlo pero quedó atascada en la arena. La madre denunció después el incidente y puso una denuncia contra la Comisión. El juez de primera instancia sentenció que los miembros de la Comisión habían cometido un error pero no deberían ser castigados.

En otro incidente la Comisión arrestó a 38 empleados saudíes de un centro comercial en Riyadh, los encadenaron y golpearon. Uno de ellos sufrió la rotura de una pierna.

Uno de los clientes de una juguetería, Muhammad Shaheen, de 17 años, estaba en el local con sus padres y tres hermanas cuando los miembros de la Comisión le acusaron de estar ligando con chicas. Le golpearon, pelearon con su familia e insultaron a la madre. La policía intervino y Shaheen fue llevado al Hospital King Khaled. La policía de Tabuk ha iniciado una investigación oficial del incidente.

En 1992, Saeed Al- Farash murió en un centro de la Comisión en la Meca tras ser detenido durante más de 10 horas. Lo mismo le pasó a Ahmad Al- Melablab en 1998 en Ahsa.

Al contemplar todos estos casos uno no puede dejar de notar una pauta. En ninguno de ellos la Comisión hizo lo que se supone que debe hacer. De hecho, el asunto debería contemplarse desde una perspectiva psicológica que estudie el impacto del poder y la autoridad en los individuos. En la Universidad de Stanford en 1971 24 voluntarios fueron escogidos para un experimento financiado por la Marina americana. A los voluntarios se les dio trabajo como guardias en la prisión, pero se les prohibió taxativamente el uso de la violencia contra los prisioneros. Pronto resultó evidente, sin embargo, que los voluntarios habían sucumbido a su propio poder y autoridad, hasta el punto de que se ofrecían a trabajar más tiempo sin ser remunerados.

El experimento iba a durar en principio dos semanas, pero acabó en seis días porque las torturas a los presos se habían convertido en un grave problema, especialmente por la noche cuando los guardias pensaban que las cámaras de vigilancia estaban apagadas.

Los resultados de este experimento se usan para justificar y explicar por qué la gente con autoridad abusa de su poder. Siempre hay dos aspectos que facilitan el abuso: la creencia por parte de los abusadores de que pueden escapar a la detección y el castigo y la falta de derechos públicos claramente definidos bajo el poder y control de las autoridades.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Menudos animalitos están hechos... yo creo que debemos invertir más en I+D de defensa :-D .

Espero que se les acabe pronto el petróleo.