
Gracias a Luis Marcial y a Tekena he vuelto a jugar al billar. Hacía unos 15 años que no tocaba un taco. No es que yo haya sido nunca un gran jugador, pero poco a poco se va uno desoxidando y hace sus cositas. Ayer Luis Marcial me pegó una paliza: 5 a 3. Hoy también, incluso peor (5 a 2), pero hay que decir que ha tenido suerte. Como esto siga así pronto voy a ser un rival difícil para Luis Marcial. Ya veo que le tiemblan las piernas y no va a aguantar la presión.
Esto del billar da un poco de miedo. Creo que nos podemos enganchar y montar aquí unas partidillas muy majas.
3 comentarios:
Miedo, quien dijo miedo.... lo que hay es pánico!!!!
Querido Carlos:
H epensado en lo que defiendes de la SS. y estoy empezando a creerlo. En mis viajes a Mex. se cumple hasta lo de la inversión social: cuanto más importante es socialmente un miembro , menos lo es en la sociedad secreta. Pero el caso es que hasta estos quieren amargarte la vida.
Recuerdo que un día hablando con un cliente español de origen y su hijo mexicano, para intentar relajar la tensión, alabé la comida mexicana.
- Así que te gusta la comida mexicana.- dijo el "niño".- Pues te vamos a invitar a un sitio que conozco aquí en Puebla, pero deja que te pida yo.
Me llevaron a La Noria, un restaurante famoso de Puebla especializado en comida mexicana. Es un restaurante muy agradable. Debían conocerlos pues nos sentaron en una mesa cerca de las ventanas.
- ¿Tienen chapulines?- preguntó el niño. Será hijo puta, pensé yo mientras miraba esa sonrisa tan parecida a la de tu amigo Yusuf. Por si no lo sabes, cahpulines son pequeños saltamontes (no el de Kung Fu, el insecto de verdad).
- Lo siento señor - contestó el mesero- pero no es temporada.- Biennn.
- ¿Y escamoles?- ¡El cabronazo no se rinde!. Escamoles son larvas de hormigas, que más adelante probé, pero es otra historia.
- Tampoco, señor, no es temporada.- Bien, es torpe a la hora de fastidiar. Pensé que me libraba.
- Pero gusanos sí tendrá.
- Tenemos de maguey.- Éstos, querido Carlos son los gordos. Tienen el tamaño de tu dedo índice.
- Pues póngannoslos. A ver si le gustan a este amigo nuestro que viene de España- Y volvió a sonreir.
La sensación cuando pusieron el platio en la mesa era indescriptible. Al gusano se le apreciaban todos los segmentos, sus patas y los ojos.
- Te pongo media tortilla- preguntó el mexicano.
Tú ya sabes que los coyotes somos de naturaleza retadora y no me iba a achantar ante ese niñato.
- No, ponme una torilla entera.
Me la llenó de gusanos y guacamole.
Sin pensar, mejor así, le di un buen bocado a la tortilla. Una vez superado el asco, no sabía mal, después de todo. Cuando la miré para dar el segundo bocado, vi 10 medios cuerpos de gusanos rodeado de una masa verde. El guacamole, pensé, o las tripas, temí.
El caso es que, para fastidiarle alabé el sabor y le pedí una segunda tortilla y una tercera. Esto no le gustó, con lo que yo me di por contento.
Pero lo mejor fue el comentario del padre al final:
- Dicen que están muy ricos, pero yo prefiero el pata negra.
¡Nos ha fastidado! y yo.
Vaya, vaya, así que gusanos ¿eh?. Bueno, yo gracias a Dios no me he visto todavía involucrado en ninguna escena similar. Un día estuve a punto de ser obsequiado con los ojos de un cordero de la propia mano de un beduino, pero al final me libré. Al parecer el ojo es lo mejor del cordero y los anfitriones se lo ofrecen al invitado de su propia mano. O sea, no sólo te comes el ojo del cordero sino que encima le chupas los dedos al beduino amable que te lo ofrece. Es lo que yo digo siempre: el mundo es variado y diverso.
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