lunes, 25 de mayo de 2009

Emires, jeques y magnates del Golfo adquieren edificios emblemáticos en el centro de París

Poderoso caballero es don Dinero. Visto en El Periódico:

ELIANNE ROS
PARÍS
Las limusinas aparcadas en hilera ante las tiendas de lujo delatan su presencia. También el despliegue de guardaespaldas impecablemente trajeados, cargando montones de bolsas estampadas con logos de las marcas más caras del mercado. Son las esposas de los emires, jeques y hombres de negocios de los países del golfo Pérsico que periódicamente aterrizan --en jet privado, naturalmente-- en los palacios más suntuosos de la capital francesa. No en vano, los Campos Elíseos son conocidos como La ruta de los árabes del Golfo.

Solo las más rutilantes estrellas de cine reciben tantas atenciones en los establecimientos de la calle de Montaigne --sede histórica de firmas como Chanel, Gucci, Louis Vuiton....--, que desemboca en la gran avenida. Todo esfuerzo es poco para satisfacer a unos clientes que no miran los precios y que escogen los artículos por duplicado o incluso por triplicado.

«De momento, la crisis no parece afectarles. Siguen gastando sus petrodólares como si crecieran en los árboles», admite una dependienta de una reputada tienda de los Campos Elíseos. Aunque haya cola para entrar, los servicios de seguridad de la puerta tienen orden de «no hacer esperar ni un segundo» a las ricas herederas árabes, muchas de ellas tocadas con el velo. Su recatado aspecto no les impide hacerse con los modelos más atrevidos y recargados, que lucen en fiestas privadas.

En verano, cuando el calor aprieta más en el Golfo, las familias árabes desembarcan en tropel en los míticos hoteles del vecindario: Fouque’s, George V, Marriott, Crillon... donde una noche puede costar hasta 2.500 euros. Los habituales no son solo saudís o kuwaitís. En los últimos años, París se ha convertido en la meca comercial de las familias más influyentes de Qatar. Empezando por el emir de la antigua colonia británica independizada en 1971, Hamed ben Khalifa al Thani. El gobernante, que gestiona la tercera reserva mundial de gas, ha pagado 250 millones de euros por el espléndido palacio Evreux, en la plaza de la Vendôme, donde se concentran las joyerías más lujosas del mundo.

‘Diplomacia inmobiliaria’
La llamada diplomacia inmobiliaria de los qatarís extiende sus tentáculos por los lugares más emblemáticos de la capital, desde la exclusiva isla de Saint Louis hasta el antiguo centro internacional de conferencias de la avenida Kléber, por el que Qatari Diar, un fondo soberano del emirato, ha desembolsado 404 millones de euros. Las antiguas dependencias del Ministerio de Exteriores reabrirán sus puertas en el 2012, reconvertidas en hotel de lujo.

La compra del Hotel Lambert --80 millones de euros-- por parte del hermano del emir constituye uno de los golpes más sonados. Sus polémicas reformas --poco apropiadas para los expertos, que lo consideran «el más bello de los edificios que sobrevivieron al siglo XVII»-- han sido rápidamente objeto de un pacto al más alto nivel.

Las razones de Estado son prioritarias. Nicolas Sarkozy mantiene una relación muy estrecha con Qatar. El emirato ha sacado de apuros a Airbus realizando un pedido de 80 aviones A-350, ha firmado acuerdos con las principales empresas de energía y telecomunicaciones galas, y el 80% del material de su Ejército ha sido fabricado en Francia. Por no mencionar los servicios de mediación con los gobiernos de la zona, que permitieron a Sarkozy colgarse la medalla de la liberación de las enfermeras búlgaras.

Para facilitar la ambiciosa política de inversiones de los qatarís, el Parlamento francés ratificó el pasado mes de febrero una convención fiscal que exonera a los representantes del emirato de los impuestos sobre las plusvalías inmobiliarias y las ganancias de capital realizadas en territorio francés. Un privilegio que estaba reservado, hasta ahora, a los kuwaitís.

Frivolidad y deporte

El país en el que conviven la televisión árabe Al Jazira --fundada por el emir-- y la base estadounidense desde la que se lanzaron los ataques a Irak no se limita a comprar segundas residencias de ensueño en el corazón de París. Sus petrodólares han empezado a comprar acciones de empresas y a subvencionar acontecimientos mundanos y deportivos.

La bandera de Qatar y el decorado oriental presidieron la última edición del premio Arco de Triunfo en el hipódromo de Longchamp --reducto de la alta sociedad parisina--, patrocinado por el jeque Mohamed ben Faleh al Thani, primo del emir.

4 comentarios:

mutawakil bin al farsi dijo...

Es la grandeza del liberalismo. también ha dicho el emir que aprovechando la coyuntura se va a hacer con la industria del automóvil alemana. Es lo bonito de la pasta que no entiende de nacionalismos ni sandeces similares.

Jotaele dijo...

Toma. La ley del péndulo en todo su esplendor. Europa deja de colonizar y apoderarse (lícita o ilícitamente) de recursos más allá de sus fronteras para empezar a sufirlo en sus carnes.

Curioso.

bridge dijo...

Esta gente se está dando cuenta que lo del petróleo no es para siempre y se están apoderando por adelantado del sistema para poder manejarlo a su antojo.

mutawakil bin al farsi dijo...

¿Sufrirlo en sus carnes? Eso díselo al franchute que era dueño de los edificios...tampoco creo que haya sufrido mucho porque llegue un jeque y le unte hasta arriba de petrodólares...vamos, digo yo.