miércoles, 11 de junio de 2008

Existe otra vida distinta a la del común de los mortales


Imagino que cuando Lord Greystoke volvió a la jungla después de vivir durante varios años con lo más selecto de la alta sociedad británica empezó a sospechar que nunca más volvería a ser Lord Greystoke, y que nunca más volvería a ser Tarzán. Porque cuando viajas durante años, o vives en el extranjero, o abandonas tu mundo para internarte en otro tan distinto, al regresar te das cuenta de que ya nunca más volverás a pertenecer a ninguno de los dos mundos, ni al de origen ni al de destino.

Durante una semana he estado viajando con un cliente que necesitaba saber que tenía a alguien disponible aunque no requiriera su presencia constante. Esto me ha permitido disfrutar de unos días más o menos libres entre París, Madrid, Sevilla, Granada, Málaga y Córdoba. Hemos visitado casi todo lo visitable. Lo más importante de París, la Alhambra, Alcazaba y Generalife en Granada, la playa de la Malagueta y el Paseo de la Farola en Málaga, la Catedral (que otros llaman mezquita) de Córdoba, su judería y Madinat Al- Zahra', los Reales Alcázares de Sevilla, etc.

Ha sido agotador. Demasiados viajes en tan corto espacio. Seiscientos kilómetros de coche, 2000 de avión, 2000 de AVE... Pero ha sido interesante, muy interesante.

Y de repente, en mitad de tantas cosas, en medio de idas y venidas, he descubierto el paraíso en la tierra.

Fue en Córdoba. Nuestra agencia de viajes nos propuso alojarnos en el hotel Palacio del Bailío (www.hospes.es), un hotel nuevo y moderno situado en un antiguo palacio de los siglos XIII al XVI. La experiencia ha sido fantástica, mágica, única. Pero a partir de ahora sé que nada será igual. Cuando has conocido el paraíso y vuelves a la tierra nada te parece lo mismo.

Llegamos al hotel en coche desde Granada y Málaga sobre las 13 horas y teníamos cita a las 16 con una guía turística que nos iba a enseñar la Catedral y la judería. Ante las prisas le propuse a nuestro cliente (y familia) almorzar en el hotel antes de ir a las habitaciones y después pasear hasta la Catedral. El comedor del hotel está formado por un amplio patio con suelo de cristal bajo el que se ven, a unos 6 metros más abajo, unos restos de mosaicos romanos maravillosos. La sensación de flotar sobre ese espacio y saber que no hay peligro de caer al fondo fue interesante.

La cocina del hotel es vanguardista. Esto significa que, en principio, no me va a contar con sus partidarios. Es el único fallo que le veo al hotel. Soy un tipo sencillo, y prefiero la cocina tradicional a los múltiples imitadores de Ferrán Adriá. Pedir un cochinillo y que te traigan literalmente una baldosa de pizarra negra a modo de plato sobre el que reposa un cuadradito de carne con espuma de nosequé y flores al aroma de la tierra húmeda no es algo que le guste a cualquiera. Me tuve que desquitar por la noche cenando en El Caballo Rojo un salmorejo de los de toda la vida y una paletilla de cordero a la miel únicos.

Por lo demás el hotel es fantástico. En sus patios suena una música suave de estilo árabe chill out de lo más sugerente. La mezcla de sensaciones acústicas, aromáticas y visuales produce una sensación de paz y tranquilidad como nunca antes había experimentado. Las habitaciones, de estilo vanguardista respetando la belleza tranquila del palacio, son magníficas. Me llamó la atención el menú de almohadas. En los buenos hoteles hace tiempo que se dieron cuenta de que no le gusta a todo el mundo la misma almohada. Incluso te ofrecían un asesor por si no estabas seguro de qué almohada te iría mejor. El hotel tiene, además, piscina de agua salada, spa, servicios de masajes, y todas las necesidades de un establecimiento dedicado exclusivamente a agradar al visitante más exigente.

Quizás fuera el cansancio de saber que ya llegábamos al final de nuestro viaje, pero os aseguro que a mí me pareció un sitio único y mágico. Si tenéis tiempo y dinero no podéis perder esta ocasión de pasar un tiempo único en el centro de Córdoba, a 15 minutos andando de la Catedral (que otros llaman mezquita). Merece la pena, aunque yo ahora no sepa claramente si soy Lord Greystoke o Tarzán, el Rey de los Monos. ;-)


3 comentarios:

Unknown dijo...

Qué maravilla de sitio... Yo he estado en Granada, y me encantó. A ver si un día de éstos voy por Córdoba.

Chema dijo...

El hotel que comentas me recuerda el dicho "La buena vida es cara. Hay otra más barata pero no es vida". Ya entiendo por qué no escribías en el blog desde hace unos días. En cualquier caso veo que te ha merecido la pena.

AMDG dijo...

Sé que lo dices en broma. Estoy seguro que eres un pobre de espíritu -en el sentido evangélico, no en el sentido de un miserable- y que sabes disfrutar del lujo sin que se te pegue al alma y sin que te quite el gusto por la sencillez y austeridad.

Un abrazo.