
En Arabia la mayoría de los peluqueros o barberos son turcos. No sé por qué, pero es así. Y son muy buenos. Lo que pasa es que cuando uno va a cortarse el pelo nunca sabe lo que le espera. De entrada, si no hablas árabe (o turco, claro está) es difícil que te entiendas con el barbero. Curiosamente casi todos hablan árabe porque son de una zona de Turquía cercana a Siria (Laodicea, o Latakia).
Luego resulta que, una vez cortado el pelo, el barbero siempre te ofrece algún servicio extra y normalmente sin avisar. Una vez, sin decirme nada y tras terminar de cortarme el pelo, el barbero me cogió la cabeza desde atrás y, con un rápido movimiento hacia un lado, me hizo crujir todo el cuello. Cuando todavía no me había repuesto de la sorpresa y, con la misma rapidez, me giró la cabeza hacia el otro lado provocando un nuevo crujido de las cervicales. En ese momento me sentí a la vez sorprendido, alucinado y con una sensación muy agradable en el cuello. Y a punto de no poder aguantar la risa ante lo absurdo de la situación.
Otro barbero decidió, después del pelado, acabar con esos pelillos que salen a veces en las orejas. Y, ni corto ni perezoso, me mojó las orejas con algo que parecía alcohol o colonia. Entonces encendió un mechero y me quemó las orejas cinco segundos, lo suficiente como para churrascar los pelillos y hacerme sentir un agradable e inesperado calorcillo en mis pabellones auditivos. Con la consiguiente sorpresa.
Otra vez el barbero me quiso quitar unos pelos de la cara, a la altura de los pómulos (no es que yo sea el hombre de Cromagnon, pero vamos). Tomó la punta de un hilo elástico doblado por la mitad con una mano y la otra punta con su boca. Empezó a trenzarlo y cuando ya estaba listo lo iba estirando y encogiendo mientras lo pasaba por mi cara. El hilo, al trenzarse y destrenzarse, iba arrancando los pelillos sobrantes de mi cara como si fueran unas pinzas. Un invento curioso, pensé.
Total, que uno nunca sabe lo que le puede pasar cuando va a la peluquería en Arabia. Yo no suelo cambiar de barbero. Más vale malo conocido que bueno por conocer. Y prefiero cualquier barbero turco a los pocos peluqueros filipinos que hay en Riyadh ya que éstos suelen ser un tanto ambiguos y disfrutan acariciándote el rostro más de lo que conviene en una relación normal barbero-cliente ¿Me explico? Pues eso, ojo con los peluqueros filipinos.
Luego resulta que, una vez cortado el pelo, el barbero siempre te ofrece algún servicio extra y normalmente sin avisar. Una vez, sin decirme nada y tras terminar de cortarme el pelo, el barbero me cogió la cabeza desde atrás y, con un rápido movimiento hacia un lado, me hizo crujir todo el cuello. Cuando todavía no me había repuesto de la sorpresa y, con la misma rapidez, me giró la cabeza hacia el otro lado provocando un nuevo crujido de las cervicales. En ese momento me sentí a la vez sorprendido, alucinado y con una sensación muy agradable en el cuello. Y a punto de no poder aguantar la risa ante lo absurdo de la situación.
Otro barbero decidió, después del pelado, acabar con esos pelillos que salen a veces en las orejas. Y, ni corto ni perezoso, me mojó las orejas con algo que parecía alcohol o colonia. Entonces encendió un mechero y me quemó las orejas cinco segundos, lo suficiente como para churrascar los pelillos y hacerme sentir un agradable e inesperado calorcillo en mis pabellones auditivos. Con la consiguiente sorpresa.
Otra vez el barbero me quiso quitar unos pelos de la cara, a la altura de los pómulos (no es que yo sea el hombre de Cromagnon, pero vamos). Tomó la punta de un hilo elástico doblado por la mitad con una mano y la otra punta con su boca. Empezó a trenzarlo y cuando ya estaba listo lo iba estirando y encogiendo mientras lo pasaba por mi cara. El hilo, al trenzarse y destrenzarse, iba arrancando los pelillos sobrantes de mi cara como si fueran unas pinzas. Un invento curioso, pensé.
Total, que uno nunca sabe lo que le puede pasar cuando va a la peluquería en Arabia. Yo no suelo cambiar de barbero. Más vale malo conocido que bueno por conocer. Y prefiero cualquier barbero turco a los pocos peluqueros filipinos que hay en Riyadh ya que éstos suelen ser un tanto ambiguos y disfrutan acariciándote el rostro más de lo que conviene en una relación normal barbero-cliente ¿Me explico? Pues eso, ojo con los peluqueros filipinos.
16 comentarios:
Jajaja, muy bueno lo de los filipinos. :-)
Eso sí, a mí me hace un barbero lo que dices del cuello y salgo corriendo...
Tomo nota, tomo nota...
Curioso el tema de los barberos...yo también lo comenté en su día porque me sorprendió que la gente fuera al barbero como quien va al bar, a hacer vida social...yo estuve viendo un Fenehrbace-Besiktas en una barbería de shifa, no te digo más...
Muy bueno el artículo Crispal. Lástima que en España no sea fácil encontrar barberos turcos. En cuanto a lo de los filipinos serán de la Sociedad Secreta ;-)
Pero que cojones dice Jose de que ¨Lastima que en España no sea fácil encontrar barberos turcos¨
Hasta aquí podíamos llegar. AFORTUNADAMENTE no es fácil encontrarlos!! Y espero que siga así para disgusto de progres y tolerantes de boquilla.
Los filipinos cortan el pelo correctamente, otra cosa es que tu les gustes, porque a mi no me ha sobado la cara ninguno. Tienes algún secreto que contarnos Crispalin...?.
Te lo buscas tu solito porque como no callas, les das conversación y les sonríes, te toman por lo que te toman...un simpático europeo con ganas de follar.
Josplás como está el Destructor... De todas formas tiene razón: a los barberos filipinos sólo se les debe visitar provistos de un palo de criquet y poniendo cara de malas pulgas, para evitar confusiones...
Jejeje. Muy buena entrada.
Pues mira, Crispal, que me entero. Desconocía sobre esto.
Un abrazo, Martha
Crispal, he encontrado esto por internet.
Es en arabia saudí. Un geiser de arena.
Y esto otro.
Juas, entre tanto disgusto la verdad es que me he reído un rato imaginándome al barbero y sus bonus. Eres francamente bueno en tus relatos folclóricos!
Sweet Sue
Destructor, ¿y qué pasa si uno es sociable? Yo no voy apaleando pakis por los barrios chungos de Riyadh como hacen otros. ;-)
Shasta, no había visto el geiser, lo de la mujer sí conocía lo de esa tribu en particular, pero no conocía la noticia. Menudo golfo el marido, queriendo ver la cara de su esposa. Desde luego los hombres somos insaciables. Le ves la cara a tu mujer ¿y qué viene luego? ¿darle un beso? ¡Dónde vamos a parar! ;-)
Somos unos cerdos.
Hola Crispal. Te contesto aquí a lo del blog, que preguntabas. Se me pasó la fecha de la renovación y me quedé sin él. Una que tiene la cabeza que tiene, como la ministra, jajaja.
Me he tomado un tiempo, hasta después del verano para pensar si abro otro.
En otro orden de cosas ¿Has pensado en comprarte una maquinilla eléctrica?. Socializarás menos, pero te evitarás esas cosillas... jajaja.
Un abrazo.
Adosinda
Adosinda, cuando vuelvas a tener tu blog no dejes de avisarnos, estamos deseando volver a verte entre nosotros. ¿Maquinilla eléctrica? Deja, deja, en realidad voy al barbero turco para poder contarlo luego aquí. Si no ¿de qué iba a hablar? ;-)
Hola Shasta, si, ya habia visto este video. La verdad es que es algo muy extraño, no sabia que estas cosas existieran. Investigaremos respecto al tema.
Saludos.
Crispaaaaaal, te espero por aqui, ya he llamado a los filipinos y a los libaneses, te estan todos esperando en la piscina!!
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