
Lo recuerdo como si fuera ayer aunque fue en 1990. Había conseguido una beca para pasar un año en Riyadh, Arabia Saudí. Estaba muy ilusionado. Después de terminar la Licenciatura en Filología Semítica, pasar un año de Servicio Militar en Melilla (donde descubrí, para mi desgracia, que no se habla árabe sino chelja, dialecto beréber que no tiene nada que ver con el árabe) y un par de añitos de búsqueda de trabajo infructuosa, por fin había conseguido un trabajo interesante en un país árabe.
Arabia Saudí aparecía entonces como un país misterioso. No se sabía gran cosa del mismo. Se sabía que los saudíes venían mucho a España con sus petrodólares a gastar fortunas en los casinos. Se hablaba de espléndidas propinas en bares de la costa y de fiestas lujosas hasta el amanecer. Pero de Arabia como país no sabíamos mucho. No era un destino al que uno soliera ir de turista. Era un mundo desconocido.
Yo estaba nervioso pero ilusionado. Podría practicar y mejorar mi árabe. Podría aprender muchas cosas. La vida sería (suponía yo en mi ignorancia) como en cualquier otro país árabe (conocía Túnez y Marruecos) pero en plan rico. Un país rico que me acogería con los brazos abiertos por hablar árabe.
En el vuelo de ida a Riyadh la azafata me dio un formulario que debía rellenar y entregar en la Aduana saudí. El formulario era bilingüe, se podía escribir en inglés o árabe. "¡Genial!", pensé, "voy a rellenarlo en árabe para entrar con buen pie al país". Así lo hice. Me hacía ilusión ver la cara que pondría el aduanero saudí al ver que un español le hablaba en su idioma y escribía el formulario en su propia lengua.
Llegó el momento. Esperé pacientemente la cola de extranjeros que mostraban sus papeles al aduanero. Llegó mi turno. El aduanero tenía un aspecto serio. Pensé que la policía suele ser así en cualquier país. Pensé que al hablarle en su idioma le caería simpático. Entonces le saludé en árabe, le entregué mi pasaporte y el formulario. Miró el pasaporte y el papel con desprecio y preguntó: "¿Español?". "Sí", le dije en árabe.
"Entonces rellena el formulario en inglés", me dijo con una cara de asco que no olvidaré jamás y tirándome el formulario con desprecio. Esa fue la primera imagen que recibí de Arabia.
8 comentarios:
Hay infiel, como se te ocurre escribir en la lengua del profeta...
La SS siempre alerta.
:P :P :P
Pues sí, mi primera desilusión en Arabia y, por desgracia no la última.
que buena es la ignorancia a veces!! yo fuí feliz hasta mi segundo día de estancia (que te conocí y me diste aquel consejo sobre si atrapellaba a alguien....... J
Joder macho, pareces Zapatero alianzando civilizaciones en plan "ebribadi bonsais" y el moro: nada que no hay manera, ni en buen plan se dejan.......
#Embajador, entonces yo era más joven y no sabía lo que me esperaba. Eran otros tiempos, sin talante ni nada, sólo con la buena educación que me habían dado mis padres y que, por desgracia, ya no parece servir para nada.
¡Ahí le has dao!. Lo que te faltaba era el "talante". ¡Acabáramos!. Eso de la "buena educación que me habían dado mis padres" suena como muy franquista ¿no?.
#Embajador, ja, ja, sí suena franquista, pero qué le vamos a hacer, mis padres decidieron darme la mejor educación posible: católica como las de antes. Incluso aprendí a pelar la fruta con cuchillo y tenedor, no te creas, una educación "facha" donde las haya. Pero nada de talante, caridad cristiana y punto. Y ahora mira dónde estamos. :-(
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