
Asharq Alawsat.
Tráfico de cadáveres en Iraq
28/07/2007
Por Maad Fayad
Asharq Al-Awsat, Londres - Ahmed Nizar Abdulaziz, antiguo miembro del Ejército iraquí que vivía con su familia en el barrio de Khadra al oeste de Baghdad fue secuestrado de su casa a medianoche por un grupo armado. Entonces fue asesinado.
La historia de Ahmed parece una más de las que están sucediendo en Baghdad en la actualidad. De hecho es casi la norma teniendo en cuenta los acontecimientos que tienen lugar hoy en día. Lo que es asombroso, sin embargo, es que su cuerpo fue requisado y entregado a otro grupo que contactó a la familia del fallecido para reclamar una elevada suma de dinero por su devolución.
Este fenómeno se conoce como "tráfico de cadáveres"; personas o grupos buscan cuerpos abandonados en las calles para negociar con las familias de las víctimas por dinero. Y entonces aparece la última innovación inventada por los comerciantes de la muerte iraquíes.
Según Muwafaq, hermano pequeño de Ahmed Abdulaziz, "Esperábamos la usual llamada telefónica pidiendo un rescate por su liberación o con información sobre la localización de su cuerpo tras ser asesinado. Pero una semana tras su secuestro recibimos una llamada de la gente que sospechábamos pidiendo 50.000 dólares por su liberación. Tras largas negociaciones aceptamos pagar 35.000 dólares por la liberación de mi hermano".
Muwafaq continúa: "Las negociaciones habían llegado a punto en que se decidió el momento y lugar en que debíamos recibir a mi hermano -tras entregar el rescate pedido. El lugar de la entrega del dinero se determinó tras varios cambios hechos en menos de una hora para asegurarse de que no intentaríamos estafarles o emboscarles, o traer a la policía con nosotros. Cuando entregamos el dinero en una zona remota llamada Ziraa Digla nos dijeron: "os llamaremos mañana para deciros dónde y cuándo podéis encontrar a vuestro hijo".".
Pero fue una larga espera, añade Muwafaq. "La operación de entrega del dinero y de liberación de una persona secuestrada es como una película de acción de Hollywood en la que el que tiene todas las de perder es la víctima. Estás tratando con una panda de criminales y estás obligado a creerles para no tener que reprochártelo después. Te dices a ti mismo: "si me someto a ellos ahora mi hermano puede estar todavía vivo". Ellos solían llamarnos usando el móvil de mi hermano y nos pedían sumas de dinero para aumentar el saldo de su línea".
Mujahid, otro de los hermanos de Ahmed dice: "Permanecimos en estado de tensión esperando su llamada para decirnos el lugar y hora para recoger a mi hermano. Cada vez que les llamábamos colgaban. Son inteligentes en estos asuntos".
Añade: "Finalmente nos llamaron después de las 22 horas y nos dijeron que mi hermano estaba en el cementerio de Mohammed Sakran en el oeste de Baghdad, que es el punto más lejano de donde habíamos entregado el rescate. Llamamos a la policía para pedir permiso para entrar en el cementerio de Mohammed Sakran por la noche ya que las autoridades tienen guardias nocturnos allí. Uno de los policías nos acompañó al lugar donde esperábamos fervientemente encontrar a nuestro hermano tras su larga ausencia. Al llegar al lugar designado no encontramos nada. Empezamos a llamarle a gritos pero no nos contestaba. Tras buscar por más de 10 minutos encontramos su cuerpo cerca de la carretera principal. Había sido asesinado por dos disparos en la cabeza y tenía las manos atadas a la espalda. Después descubrimos por el forense del depósito de cadáveres de Al Tib Al Adli que mi hermano había sido asesinado la noche que fue secuestrado".
Muwafaq explica que "un día después de encontrar el cuerpo la persona que había recibido el dinero nos llamó y nos dijo que ellos habían encontrado a mi hermano muerto, no vivo, y que simplemente nos habían vendido su cadáver".
Umm Ahmed (la madre de Ahmed), de Biyaa, 46 años, cuenta la historia del secuestro de su marido diciendo: "Solíamos esperarle todos los días en ramadán y él llegaba antes de la oración del Maghreb (puesta de sol). El 17 de ramadán mi marido no llegó a su hora, de hecho desapareció durante los días siguientes. Recibimos una llamada de una persona que no conocíamos que nos dijo que no quería hacer nada malo y que era una persona temerosa de Dios que respetaba el mes sagrado de ramadán. Tras un largo sermón nos dijo que había encontrado el cuerpo de mi marido que había muerto por una bomba. Entonces nos dijo que, cumpliendo el precepto de la Sharía (ley islámica) había enterrado a mi marido en Karbala".
"La noticia fue un golpe tremendo para nosotros", continúa, "me traumatizó a mi, a mis tres hijos y a los hermanos de mi marido. Cuando preguntamos el lugar de la tumba de mi marido este "samaritano" nos dijo que había tenido muchos gastos y riesgos. Nos pidíó 10.000 dólares por llevarnos hasta la tumba de mi marido. Tras negociar con él quedamos en darle 6.000 dólares. Entonces fuimos a la tumba de mi marido que estaba enterrado en un solar a las afueras de Karbala. Notamos que había muchas tumbas similares que tenían placas metálicas con números en lugar de nombres".
Umm Ahmed explica "No estábamos ni siquiera seguros de que fuera la tumba de mi marido hasta que lo sacamos y llevamos al depósito de cadáveres de Al Tib Al Adli para obtener un certificado de defunción".
(Continúa aquí)
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