

Como continuación a mi entrada anterior sobre el Palacio de la Ópera de Riyadh no puedo dejar de mencionar las Olimpiadas de Arabia Saudí. Así, como suena. Igual que se pensó en tener temporadas de ópera en Riyadh, en su momento alguien pensó que sería interesante que Arabia pudiera celebrar algún día los Juegos Olímpicos. Se suponía que atletas masculinos y femeninos competirían en Riyadh exactamente igual que en cualquier otro país donde se hayan celebrado las Olimpiadas.
Entonces se pusieron manos a la obra. Se diseñó la villa olímpica (ahora llamada Riyadh Sports City, cerca de la Ópera de Riyadh) con diversos pabellones deportivos y alojamientos para atletas. La joya de la corona sería el estadio olímpico, verdadera maravilla arquitectónica con una peculiar cubierta, de las más grandes del mundo. Los Juegos Olímpicos de Arabia tendrían la misma brillantez y majestuosidad que los celebrados en el resto del mundo.
Pero las cosas se torcieron. Por los mismos motivos que impidieron celebrar ópera en Riyadh se canceló el proyecto de las Olimpiadas. De hecho, el estadio olímpico ya diseñado se construyó fuera de la villa olímpica, en otro emplazamiento. Cambió de nombre y ahora se llama Estadio Internacional Rey Fahd. Jamás se celebrarán unas Olimpiadas en él. Se usa para partidos emblemáticos de fútbol local.
Un ejemplo más de cómo podrían haber sido las cosas en Arabia si no hubieran sucumbido al apaciguamiento de los más fanáticos.
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