El juez Garzón, "especialista en el manejo de los tiempos" según Durán.
EL caso del lino fue ‘cocinado’ a tres bandas entre la acción mediática de Bono, el informe del entonces fiscal anticorrupción Jiménez Villarejo y el juez Garzón como instructor. Los tres vuelven a estar en el ‘candelabro’. El primero por un crecimiento desmedido de su patrimonio inmobiliario; el segundo por arremeter contra el Supremo; el tercero por tres presuntos delitos de prevaricación.
Volvamos al lino. “Todo un modelo de lo que no debe ser la judicatura; un disparate”, señala a ALBA Nicolás López de Coca, una de las víctimas de Garzón. La operación se basa en las tres patas señaladas. Bono actuaba de agitador mediático. “La Ser esperaba una carpeta todos los jueves desde el Palacio de Fuensalida; el mismo jueves se aireaba la información; el viernes, El País replicaba; y el sábado, El Mundo sacaba algo creyéndose en la obligación de seguir el tema”.
La pinza se complementa con un informe “disparatado”, dice López de Coca, de Jiménez Villarejo. Pero el círculo se cierra con la instrucción de Garzón. ¿Por qué Garzón? “Loyola de Palacio era una persona que siempre presumió de no tener nada de lo que avergonzarse; esperó a que Garzón estuviera de guardia y presentó su denuncia para darle más impacto”, responde López de Coca, quien califica el gesto de “ingenuo”.
¿Ingenuo? “Era un mundo de navajazos”, responde López de Coca. En su opinión, el Gobierno no perdonó que Loyola fuera el azote de los GAL. Pero también quería depurar a López de Coca, entonces ex director general del Fondo de Garantía Agraria con Loyola y posible rival a la presidencia de Castilla-La Mancha. “Bono siempre ha querido cargarse a sus rivales; a Molina se lo cargó por arrancar cepas; a Suárez Illana por los toros y a mí por el asunto del lino”.
La instrucción de Garzón fue un “cúmulo de barbaridades” en opinión de López de Coca. ¿Por ejemplo? Cuando llevaba tres años imputado, Garzón le promete que “se va a empezar a leer los papeles”. Además, le hizo declarar sin haber resuelto el recurso. Al final, todo quedó en nada. Tras diez años de instrucción, todo el mundo salió libre. Lo mismo le ocurrió a Miguel Durán, otra de las víctimas de Garzón que quedó indemne de un presunto delito fiscal y societario.Pero ¿quién indemniza la pena de banquillo, la imputación mediática? Porque el falso caso del lino saltó cuando López de Coca contaba con 54 años. El proceso se demoró 11 años. “Se acabó mi vida”, reconoce. El caso de Miguel Durán es similar. A él le pilló con 42 años, “en lo mejor de mi carrera, me la cortocircuitó; y ha tenido consecuencias sobre el trabajo, la salud y mi familia”, lamenta. Conclusión: “Estoy hipotecado por culpa de este caballero; y eso no hay fuerza que lo restituya; le espero en el más allá”.
No son los únicos casos. Garzón ha llegado a resolver cuarenta recursos diferentes en medio folio. Abogados de la Audiencia Nacional relatan a ALBA las sentencias “por convicción moral” o la negociación que el juez estrella practica con los imputados sin presencia de su abogado.
Un juez vengativo
Fue el caso de Durán. “Fui a verle el 24 de julio de 1997 para quejarme de haberme enterado de mi imputación por la prensa”. ¿Qué le dijo? “Que éstas eran las reglas de la libertad de prensa; yo le contesté que me parecía mal y él me dijo que no insistiera y que si quería decirle algo en privado, sin mi abogado, se lo dijera; yo prescindí de su ofrecimiento”. Posteriormente, en noviembre de 1997, en la declaración Garzón le pidió que le dijera todo lo que sabía. “Luego lo utilizó en mi contra; me pilla ahora y me acojo a mi derecho de no declarar”.
“No es un buen juez; no trata los temas, no lleva con orden las causas, no instruye bien, está más preocupado de enviar las cámaras de televisión que de la instrucción”, señalan los letrados que le conocen. Eso, por no hablar de lo empantanado que dejó su juzgado cuando se fue de año sabático. “Es un juez que trabaja ad maiorem gloriam suam”, resume Durán. Y vengativo. “Cometí el error de recusarle y se vengó”, añade Durán.
Hay quien sostiene que ha sido la propia judicatura quien ha querido depurar a quien personifica la antítesis de la discreción judicial. No es extraño que haya sido un juez progresista como Luciano Varela quien emprenda la instrucción en un colectivo tremendamente corporativista. Varela fue fundador de Jueces para la Democracia. Incluso hay quien sostiene que el Gobierno ha dado el visto bueno a dejarle caer. ¿Por qué? Es incontrolable y, por lo tanto, peligroso. “Tiene información de instituciones muy sensibles de su paso por el Ministerio del Interior”, apunta Durán.
Además, los aquelarres guerracivilistas en su defensa le sirven al PSOE para movilizar las simpatías de la izquierda más radical, sin la que es imposible ganar las próximas elecciones. “Garzón le viene muy bien al PSOE para la movilización y seguir con la dinámica divisionista”, concluye Durán. “Es una especie de pendón que la izquierda puede tremolar”, añade.
La posibilidad de que Garzón se siente en el banquillo supone un resarcimiento moral para sus víctimas. “El síndrome de impunidad parece descremarse”, dice Durán.“Pero sin sentimiento de venganza, sino con la necesidad de que estos comportamientos no se vuelvan a producir”, apunta López de Coca, que, sin embargo, prefiere no tomar parte en el proceso.
¿Por qué no? “No tengo síndrome de Estocolmo, pero tampoco sentimiento de venganza”, responde. Lo mismo dice Durán. “Es como la mujer violada; quiere que el violador sea castigado, pero no quiere ser ella quien lleve el proceso para no revivir lo ocurrido”, señala. Y añade: “Dios le juzgará; a ese juicio no se podrá resistir; y ahí no hay ni parcialidad ni secreto de sumario, sino balance que te crió”. Durán no es partidario de hacer leña del árbol caído. “Me conformo con que se le aparte de la administración de justicia porque la deteriora y la desprestigia”.
* Reportaje íntegro en el número 275 del semanario, desde el 30 de abril en los quioscos.
1 comentario:
Este señor, por llamarlo de alguna manera, es el típico trepa que sube, pisando la cabeza de los demás como si se tratara de peldaños.
Lo más curioso es cómo le defiende la vieja guardia sociata, cuando en tiempos del felipismo se le trataba de bandido y trepa que es. Tengo una cierta edad, y me acuerdo perfectamente de cuando decían que "estos jueces se creen Dios", y perdón por la irreverencia. E otro día vi el bochornoso espectáculo de ese corrupto de F. González defenderlo a capa y espada... Y es que entre bueyes viejos no hay cornás.
Publicar un comentario