lunes, 15 de febrero de 2010

Volver

Hubo un tiempo alegre y esperanzador en el que yo me preguntaba qué sería de mi vida cuando fuera mayor.

Entonces no había viajes, ni aviones, ni esperas en aeropuertos, ni primera noche insomne en camas desconocidas de hoteles de lujo, ni taxistas árabes que te cuentan lo maravilloso que es Al-Ándalus y lo hermanos que somos moros y españoles, ni citas con posibles clientes en sitios inverosímiles, ni personajes siniestros de Administraciones inicuas cuya mirada fría podría hacer morir de miedo al mismísimo Chuck Norris (jamás olvidaré la del Gobernador de la ciudad de H.), ni tazas de té o café turco repetidas una tras otra ad infinitum, ni ciudades grises plagadas de mezquitas iguales que llaman a la oración al unísono desde todos los puntos de la urbe, ni billetes pringosos de países diferentes pero absolutamente iguales, ni hummus, kebabs, tabules y cosas por el estilo, ni saludos en árabe a cada paso (mi cara de moro me hace mimetizarme adecuadamente en entornos semitas), ...

Hubo un tiempo distinto, plagado de sueños e ilusiones, donde cualquier sonrisa femenina era una oportunidad y los amigos compartíamos extraños brebajes en sitios como El Chapandaz (el antiguo, en la calle Altamirano, cerrado por precinto policial). Un tiempo en el que todo era posible en el futuro. Un tiempo en el que el presente era largo y constante y la única preocupación era estudiar y aprobar, estudiar y aprobar, estudiar y aprobar.

Todo aquello pasó, y al final resultó que la vida era esto. El futuro de entonces es el presente de ahora. No me quejo, pero a veces..., a veces vuelvo la vista atrás y no puedo evitar recordar tantas cosas y esbozar una sonrisa.

Sé que la memoria es traicionera, que sólo recordamos las cosas buenas y olvidamos los horrores, pero ahora mismo estoy en el aeropuerto de El Cairo, a punto de coger el vuelo Cairo-Riyadh que sale a las 23: 15 horas y llega a Riyadh a las 3 de la madrugada (más los trámites de la llegada, la aduana, los controles, etc.) y no puedo olvidar recordar el pasado y pensar en cómo hemos llegado hasta aquí.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Que bueno, y que verdad ;-)

Embajador dijo...

La crisis de los 40 es una cosa tremenda. Te lo digo yo que lo se.

Anónimo dijo...

Es bueno reflexionar en lo que ha devenido la vida de cada uno...si ha sido escogida y no impuesta, se puede cambiar en cualquier momento...depende de los vagones de carga que se hayan ido añadiendo a esa locomotora que todos somos...
"El retorno es la infidelidad más rotunda!.
ANÓNIMAPARED

Crispal dijo...

Embajador, más que crisis de los 40 años (que no he padecido nunca y ya tengo 47 porque siempre he sido viejo) es la pereza del momento, saber que tienes que coger un vuelo Cairo-Riyadh a esas horas, llegar a las 3 de la madrugada hecho polvo, pasar el control de pasaportes saudí, etc.

Luis dijo...

Crispal: no desesperes; tú yendo a Riyadh y otros a Kabul....

Chema dijo...

Te veo nostálgico. Qué feliz serías si en esos momentos de espera te pudieras tomar una cervecita como las de Dommayer o como dices un auténtico Chapandaz. Humm qué delicia. ;-)

Dwight dijo...

Es lo que tiene la memoria, sobre todo en situaciones como la que describes.
Al final lo importante es seguir vivo, con pasión, sintiendo que aún queda mucho por aprender...

Al menos a las 3 de la madrugada no habría mucha gente en la cola de la aduana. ;-)

Embajador dijo...

Crispal- Bueno, esto de la crisis de los 40 cada uno la tiene cuando le da la gana.

Iojanan dijo...

Hay una hora, un día de un mes cualquiera que se nos vienen esas preguntas, dudas,pensamientos o incertidumbres. ¿ qué coño hago aquí en este momento, esperando que mañana, es decir, ya mismo, un estúpido me esté mirando con malos ojos mientras yo hago que no me entero? esas son las horas muertas, pero muertas sin enterrar...y apestan. Con todo, he sentido el vacio de las tres de la mañana en un aeropuerto cualquiera de entre los de los musulmanes.

El Coyote dijo...

¡Cuidado con lo de los amores de la infancia! Esos sí que son traicioneros y desde donde estás a ellos, media un paso muy corto.