miércoles, 19 de noviembre de 2008

Ruido

Veníamos por King Fahd Road.

X acaba de estrenar coche nuevo y, dada su juventud, parece que tiene que demostrar constantemente que es capaz de conducir como Fernando Alonso. Pero King Fahd Road no es Monza. Sin decir nada, X subió el volumen del equipo de música. Creo que lo hizo desde un mando oculto en el volante, porque no le vi pulsar ningún botón. La música era ensordecedora y, además, estúpida. Observo que el abismo generacional aumenta cada día. Poco a poco se incorporan al mercado laboral seres extraños, jóvenes normalmente maleducados mientras que los de mi quinta no somos lo suficientemente viejos como para jubilarnos. Pienso que ya no entiendo a los jóvenes. Ni siquiera a los españoles. Contemplo sorprendido cómo nuestros jóvenes compatriotas son cada vez más insolidarios, más egoístas, más maleducados, niños mimados de 30 años. Cuando seamos viejos no dudarán en ponernos la inyección que nos mandará al otro barrio. Y quizás la diferencia de edad no sea tanta (¿15 años?) pero hay algo indefinible que nos hace distintos. ¿Será que no han hecho la mili gracias a Aznar? No sé. Pero no me gusta.

X subió el volumen del equipo de música a lo bestia. No me preguntó si me apetecía oír ESA MÚSICA (¿qué fue de Cat Stevens, de Pink Floyd, de Bob Dylan...?). No, y tampoco me preguntó si me apetecía quedarme sordo durante el trayecto a casa. Yo guardé silencio. Igual que me enseñaron que en casa ajena te comes lo que te pongan sin rechistar y luego ensalzas lo buena cocinera que es la señora de la casa aunque sea falso, pensé que era su coche, era su música, era su casa. Sólo deseaba llegar a casa, meterme en la cama, dormir.

Entonces lo vi claro una vez más. Es el ruido.

Nos acompaña en todo momento. Mp3, Mp4.... ipods, radios, ..., no podemos vivir sin ruido. Está en todas partes. Y el ruido nos impide escuchar nuestro corazón. Vivimos en una sociedad desagradable en la que nadie se detiene a escuchar el canto de un pájaro o la voz de nuestra conciencia. Cuando pasas un tiempo en silencio absoluto empiezas a escuchar Su voz. Está dentro de ti, te habla. Pero tienes que estar callado. Por eso comprendo a los monjes del monasterio y sus votos de silencio. El silencio puebla nuestra mente de voces nuevas, tranquilas, esperanzadoras. El silencio nos acerca a Dios. Por eso tiene tantos enemigos hoy en día.


4 comentarios:

Elentir dijo...

Muy buena reflexión, Crispal.

Eso sí, el tal X es un perfecto maleducado. Cuando yo voy solo en mi coche, pongo la música a un volumen alto (bueno, depende de la música), pero si voy con más gente, la bajo aunque sólo sea por respeto y también porque me gusta más conversar que oír música.

El problema es que la mala educación se nota en todo, también al volante...

Anónimo dijo...

nO_nAMe:

Otra nueva prueba de que no evolucionamos a mejor.

Anónimo dijo...

mas razón que un santo ;-)

Anónimo dijo...

jua jua jua...Cat Stevens...jua jua jua..."oh baby baby is a wild world" (por cierto la versión de Jimmy Cliff es de largo mucho mejor) ...jua jua jua...
Joder, Crispal, que no eres tan viejo, en tus tiempos ya existían Neu, Kraftwerk, el Kraut Rock, el Punk,los MC5, el Glam y otras muchas cosas ruidosas, lo que pasa es que o bien no estabas en la onda o bien tenías gustos ligeramente "azucarados" (:p)... jua jua jua... Además, si a mi padre, nacido en 1931, le pones Pink Floid te dirá que eso es "música ratonera" (palabras textuales, se lo ha dicho a mis brothers tal cual)
Por otro lado, no generalicemos. Hay jóvenes gañanes igual que hay viejos gañanes, la estupidez no es patrimonio de nadie, pero como dice un poema árabe cuyo autor no recuerdo, "la estupidez de los jóvenes puede corregirse con la experiencia, pero la estupidez de un viejo ya no hay quien la arregle..."