Los que me conocen saben de mi aversión a los egipcios. Por suerte o por desgracia he conocido, conozco y conoceré a unos cuantos. Pululan por todo Oriente Medio y hacen como que trabajan en los lugares más insospechados. He trabajado y trabajo con algunos. En fin..., que no hablo de oídas. ¿Por qué no me gustan en general los egipcios? Porque -en general- son mentirosos, vagos y pelotas. Sí ya sé que generalizar es injusto y que tú has conocido a un egipcio majísimo que te enseñó el zoco y bla, bla, bla. Pero no hablo de eso. Hablo de trabajar en una oficina, de cumplir un horario, de acabar un trabajo a tiempo... Esas tonterías que hacemos los occidentales para ganar dinero y que a los charlies les hacen tanta gracia.
Preocupado por mi animadversión hacia los hijos del Nilo he preguntado a muchos árabes, árabes de todos los colores y países, incluso a egipcios. Todos corroboran mi sentimiento, incluso ellos mismos. Los egipcios son los más mentirosos de todos los árabes (cualidad que es endémica de forma general entre los descendientes de Agar).
Pues bien, con mente abierta y dispuesto a dejarme cautivar por los encantos de la tierra de los faraones, he pasado tres días de trabajo en El Cairo, y tengo que decir que la experiencia ha sido positiva. También es verdad que alojarte en un hotelazo como el InterContinental Citystars siempre ayuda, y que nuestro socio local nos ha obsequiado con todo lujo de detalles, pero aún así, ha merecido la pena. He conocido otro tipo de egipcios: gente preparada, que habla inglés perfectamente, educados, cultos. Nada que ver con los que te encuentras en Arabia.
Aparte del trabajo, he tenido ocasión de cenar una noche en uno de los barcos-restaurante a orillas del Nilo y ver el zoco de El Cairo, Khan El Khalili, que aunque está bien y es de visita obligada, palidece un poco ante el gran bazar de Damasco (pero ésta es una opinión personal). En Khan El Khalili estuve en el Café de Naguib Mahfuz, donde dicen que el Premio Nobel árabe pasaba todas las tardes. Además pude ver una noche las pirámides y la esfinge, en un espectáculo que se llama Sound and Light donde con un juego de luces y rayos láser te van contando la historia de las pirámides y la esfinge. Me hubiera gustado verlas de día y de cerca, pero no pudo ser.
El Cairo es una ciudad caótica donde cualquier desplazamiento en coche dura un mínimo de una o dos horas. El tráfico es espantoso y en tres días pude ver varios accidentes de coche. Llama la atención que casi no hay semáforos en las calles. Todo se soluciona a base de usar la bocina del coche para avisar de tu presencia. En los cruces los coches reducen la velocidad y van pasando poco a poco; a veces algún guardia regula el tráfico.
En fin, ha sido mi primera experiencia en Egipto, pero estoy seguro de que no será la última. Me gustaría volver como turista, con tiempo, recorrer sus calles, ver sus monumentos, en definitiva, tener tiempo para conocer este interesante país.
Un último detalle de mal gusto. Antes de salir apalabré con el hotel el precio del desplazamiento al aeropuerto. Acordé con el conductor la cantidad establecida y me dio la correspondiente factura. Cuando estábamos a punto de llegar al aeropuerto se descolgó diciendo que quería cinco libras más porque había calculado mal el precio. Como no tenía ganas de discutir le di 10 libras y le dije que me dejara en paz, que después de fijar el precio había conseguido arruinar la imagen que empezaba a tener de los egipcios. Que Dios le confunda. ;-)
Preocupado por mi animadversión hacia los hijos del Nilo he preguntado a muchos árabes, árabes de todos los colores y países, incluso a egipcios. Todos corroboran mi sentimiento, incluso ellos mismos. Los egipcios son los más mentirosos de todos los árabes (cualidad que es endémica de forma general entre los descendientes de Agar).
Pues bien, con mente abierta y dispuesto a dejarme cautivar por los encantos de la tierra de los faraones, he pasado tres días de trabajo en El Cairo, y tengo que decir que la experiencia ha sido positiva. También es verdad que alojarte en un hotelazo como el InterContinental Citystars siempre ayuda, y que nuestro socio local nos ha obsequiado con todo lujo de detalles, pero aún así, ha merecido la pena. He conocido otro tipo de egipcios: gente preparada, que habla inglés perfectamente, educados, cultos. Nada que ver con los que te encuentras en Arabia.
Aparte del trabajo, he tenido ocasión de cenar una noche en uno de los barcos-restaurante a orillas del Nilo y ver el zoco de El Cairo, Khan El Khalili, que aunque está bien y es de visita obligada, palidece un poco ante el gran bazar de Damasco (pero ésta es una opinión personal). En Khan El Khalili estuve en el Café de Naguib Mahfuz, donde dicen que el Premio Nobel árabe pasaba todas las tardes. Además pude ver una noche las pirámides y la esfinge, en un espectáculo que se llama Sound and Light donde con un juego de luces y rayos láser te van contando la historia de las pirámides y la esfinge. Me hubiera gustado verlas de día y de cerca, pero no pudo ser.
El Cairo es una ciudad caótica donde cualquier desplazamiento en coche dura un mínimo de una o dos horas. El tráfico es espantoso y en tres días pude ver varios accidentes de coche. Llama la atención que casi no hay semáforos en las calles. Todo se soluciona a base de usar la bocina del coche para avisar de tu presencia. En los cruces los coches reducen la velocidad y van pasando poco a poco; a veces algún guardia regula el tráfico.
En fin, ha sido mi primera experiencia en Egipto, pero estoy seguro de que no será la última. Me gustaría volver como turista, con tiempo, recorrer sus calles, ver sus monumentos, en definitiva, tener tiempo para conocer este interesante país.
Un último detalle de mal gusto. Antes de salir apalabré con el hotel el precio del desplazamiento al aeropuerto. Acordé con el conductor la cantidad establecida y me dio la correspondiente factura. Cuando estábamos a punto de llegar al aeropuerto se descolgó diciendo que quería cinco libras más porque había calculado mal el precio. Como no tenía ganas de discutir le di 10 libras y le dije que me dejara en paz, que después de fijar el precio había conseguido arruinar la imagen que empezaba a tener de los egipcios. Que Dios le confunda. ;-)
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7 comentarios:
yo anduve hace años plantando semillas de ingenio ;-) en la misma tierra.....aunque no germinaron...
todavía recuerdo un simpatico taxista cairota y carota que también trató de tangarme camino a las pirámides y cuando le dije en román paladino "vete a tomar por c...." me contestó "no angry sir, I like Spain, King Carlos". A lo que le respondí "Yes, but I am republican, ciao"
Te seguimos desde la lejanía ;-)
Sol, Nacho, el caso es que me apetece volver de turista y patearme la ciudad. Sé cómo son los egipcios, pero también sé ahora que los hay de todas clases. Lo triste es que por un euro son capaces de cualquier cosa.
No me acordaba de lo de la bocina en la circulación. Recuerdo que mandaba en los cruces el que más potente la tuviera; de hecho, llegué a ver una motocicleta con una batería de coche sólo para su atronante bocina de camión. Una de las consecunecias era lo ruidosa que se volvía la ciudad. De eso no has hablado.
Respecto a lo del taxista, a mí me pasó algo parecido en Estambul. Seguro que proviene su comportamiento de su condicón de taxista de turista y no de cairota.
Un abrazo
¿pelotas los egipcios? No hombre, esos son los nubios :)
Mutawakil, ya sé por dónde vas, pero ese nubio que conoces ¿es pelota por egipcio o por nubio?. No conozco ningún nubio sudanés pelota, la verdad. Pero sí conozco egipcios no nubios pelotas. ;-)
Joder, que dilema. En el Fal había un sudanés que cambiaba los carbones de la shisha, Ibrahima, que era bastante pelota, pero no sé si sería nubio...En cualquier caso, pelotas o no, de los nubios se puede afirmar que llegan a viejos...
Hola Crispal. Me alegra que cites a Naguib Mahfuz porque es un extraordinario escritor y describe como nadie el alma del egipcio.
Mahfuz defiende que el egipcio tiene mentalidad de funcionario y ese es el sueño de todo buen egipcio, no en vano el funcionariado nació a la sombra de las pirámides.
Y ese estereotipo del funcionario universal; falso, vago, obsequioso con el fuerte y arrogante con el débil, encaja con la descripción que tu haces.
Se cumple el proverbio de que el árabe besa la mano que no puede cortar.
Un abrazo y hasta pronto
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