Los demonios propios de la izquierda le están impidiendo captar y denunciar los peligros del islam militante en las sociedades occidentales. En el diagnóstico coinciden Ian McEwan y Martin Amis, dos de los escritores británicos más celebrados del momento, que han levantado su voz contra la intolerancia islamista, al tiempo que se defienden de la acusación de racistas que les lanzan algunos de sus compañeros de la izquierda intelectual.McEwan, autor de «Expiación» y de «Chesil Beach», se ha unido a las apreciaciones de Amis, que hace unos meses se vio envuelto en una polémica por sugerir que «la comunidad musulmana tendrá que sufrir hasta que ponga su casa en orden». En una entrevista publicada la pasada semana, McEwan expresaba su «desprecio» hacia el islamismo por fomentar una sociedad que el autor inglés «detesta», por lo que representa de opresión de la mujer y de negación de derechos individuales como ocurre con los homosexuales. En su opinión, decir esto ni es una manifestación «islamofóbica» ni racista.«Tan pronto como un escritor expresa una opinión contra el islamismo, inmediatamente alguien de la izquierda se pone en pie y dice que porque la mayoría de los musulmanes tienen la piel oscura quien critica es un racista», decía McEwan. Con ello salía al paso de la reprimenda que se ha llevado su amigo Martin Amis por parte de varios colegas, entre ellos el marxista Terry Eagleton, compañero suyo en el claustro de la Universidad de Manchester, quien no sólo cargó contra el autor de «Koba el Terrible», sino que hizo una causa familiar de ello, atribuyendo sus ideas a la influencia de su padre, el también escritor Kingsley Amis, al que acusó de xenófobo, antisemita y poco menos que perseguidor de homosexuales.En diversas intervenciones y escritos sobre sus ideas, Martin Amis ha expresado su convicción de que los fundamentalistas han ganado la partida entre el Islam y el islamismo. «El islam moderado -ha escrito- es siempre engañosamente bien representado en el debate público; en cualquier otro lugar es inaudible». Su conclusión es que debe presentarse una batalla ideológica, en la que venzan los valores occidentales.«Moralmente inaceptable»Similar actitud es la que también ha comenzado a mantener públicamente McEwan, que considera «lógicamente absurdo y moralmente inaceptable», que tanto a él como a Amis se les trate de racistas. «Desprecio el islamismo porque quiere crear una sociedad que detesto, basada en la creencia religiosa, en un texto, en la falta de libertad para las mujeres, en la intolerancia hacia la homosexualidad y todo lo demás que conocemos bien», afirma.McEwan indica que algunas visiones parecidas son mantenidas por algunos grupos integristas cristianos en EE.UU. Y añade: «Lo encuentro igualmente absurdo. No me gustan esas visiones medievales del mundo según las cuales Dios va a venir a salvar a los fieles y a condenar a los demás. Pero esos cristianos norteamericanos no quieren matar a nadie en mi ciudad, esa es la diferencia».El Consejo Musulmán Británico ha censurado que McEwan haya salido a defender a Amis. Un portavoz de esta organización, Inayat Bunglawala, ha declarado a «The Daily Telegraph» que «por supuesto que la crítica a los principios de una religión es algo que está permitido, pero Amis fue mucho más lejos que eso. Abogó porque a la comunidad musulmana se la haga sufrir «hasta que tenga la casa en orden». ¿En qué clase de sufrimientos está pensando Amis?». Bunglawala calificó la posición de este escritor de «intolerante» y advirtió de que el hecho de que ahora sean defendidas por su amigo McEwan «nos dice mucho también acerca de lo que éste realmente piensa».El Consejo Musulmán Británico es una entidad que aglutina a muy diversas organizaciones musulmanas, en principio de pronunciamientos públicos moderados, pues en ello les va las subvenciones que reciben del Gobierno. Por ello, las palabras condenatorias de McEwan y Amis no parecen alarmantes. No son autores «blasfemos» como en su día se catalogó a Salman Rushdie, contra quien aún sigue vigente la sentencia de muerte lanzada por el ayatolá Jomeini.
Además la COPE añade sobre este asunto lo siguiente:
La ceguera de la izquierda ante el Islam militante
La vista en el Tribunal Supremo de los recursos sobre la sentencia de los atentados del 11-M nos trae a primer plano la amenaza terrorista que se cierne sobre España y el mundo. Por ello cobran especial valor las declaraciones del escritor británico Ian MacEwan sobre el peligro del islamismo militante en las sociedades occidentales, que choca con la fascinación de las izquierdas europeas por el fenómeno de esta ideología islamista, que aspira a imponer una dictadura universal basada en una lectura sectaria del Corán. Y así hemos asistido días atrás al nuevo espectáculo ofrecido por la joven e inexperta ministra de Igualdad, que después de criticar el uso del velo por las mujeres musulmanas, se vio obligada a rectificar, temerosa de las reacciones de los radicales islámicos.
Por supuesto, la amenaza de este islamismo militante que denuncia MacEwan junto a su colega Martin Amis, no es un problema de velo o de desigualdad, sino la batalla ideológica que está dando para debilitar las señas de identidad cristiana de Occidente. En eso coincide con el empeño de la izquierda agnóstica, a la que no parece importar que el primer paso para el vasallaje europeo al Islam consista precisamente, en liquidar el cristianismo. Como contraste, ahí están las propuestas de la Iglesia para un diálogo con el Islam desde la fortaleza de la propia fe y de la razón en busca de la concordia, para desterrar toda apelación a la violencia basada en un inexistente mandato divino inventado por el fanatismo.
1 comentario:
Muy interesante lo que dices... Sí, lo del racismo es algo muy interesante y que al parecer están usando no sólo los musulmanes como lo prueba este post sobre la comunidad sikh en Canadá.
Particularmente creo que mientras que no haya una separación y un rechazo por parte de los que pertenezcan a una comunidad de aquellos que tengan comportamientos violentos, extremistas, etc., sin dejarse llevar por el victimismo, no se arreglará nada.
Abrazos
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