
Antes en Arabia los taxis eran de dos tipos: amarillos y blancos. Los taxis amarillos eran conducidos por saudíes. Normalmente se trataba de beduínos o gente sin mucha formación que se ganaba la vida con su propio taxi llevando y trayendo gente. La leyenda (o mejor dicho, "Radio Macuto" que funciona ampliamente entre la población extranjera de Riyadh) recomendaba no coger NUNCA un taxi amarillo porque era peligroso. Se contaban historias de "expatriados" blancos que por error habían cogido un taxi amarillo y habían acabado siendo asesinados y enterrados en mitad del desierto. Evidentemente no se podía demostrar la leyenda pero, por si acaso, nadie en su sano juicio cogía un taxi amarillo.
Los taxis blancos eran conducidos por extranjeros (no saudíes) de cualquier parte del Tercer Mundo: indios, pakistaníes, filipinos, etc. Eran mucho más seguros que los amarillos y, además, sus conductores solían saber inglés (no como los conductores de los taxis amarillos, que no hablaban inglés). Los taxistas de taxi blanco no eran propietarios de sus taxis. Trabajaban normalmente para la empresa propietaria de los vehículos a la que pagaban un mínimo de 100 riales diarios (unos 20 euros). El resto de la recaudación era para ellos. Esto hacía que tuvieran que trabajar muchas horas para conseguir un salario medianamente normal.
Un buen día el Gobierno saudí decidió aplicar la "saudización" (sustitución de mano de obra extranjera por local) al sector del taxi. Poco a poco desaparecieron los taxis amarillos y los taxis blancos empezaron a llenarse con conductores saudíes. No había forma de distinguirlos. Parabas un taxi y te podía tocar un conductor saudí o un extranjero. Además en Riyadh la costumbre es sentarse al lado del taxista, lo que hace que la relación sea más directa. Y claro, eso fue lo que me pasó a mí. No recuerdo el motivo (quizás tenía el coche en el taller) pero paré un taxi, subí directamente y me senté al lado del conductor. Éste era saudí y llevaba una barba larga (signo de ortodoxia islámica). Empezamos a hablar en árabe. Pronto me preguntó de dónde era y al decirle que español se sorprendió de que un español hablara árabe. Entonces vino la pregunta que siempre te hacen cuando ven que hablas árabe: "¿Musulmán?". "No", le dije, "cristiano". "Y ¿por qué no eres musulmán si hablas árabe?" preguntó con la lógica habitual de esta gente. Pensé un rato la respuesta y le dije: "Tú, ¿por qué eres musulmán?", "Porque creo que Mahoma es un profeta de Dios", me dijo. Bien, pensé, "¿y quién te dio la fe en Mahoma?" le dije. "Allah", contestó sin titubear. "O sea, tú eres musulmán porque Dios te ha dado la fe en Mahoma, ¿no es así?" pregunté. "Exacto", replico él. "Pues por esa misma razón yo no soy musulmán, porque Dios no me ha dado la fe en Mahoma". El taxista, después de pensarlo unos instantes, se quedó convencido con mi respuesta y dijo que inshallah (si Dios quiere) algún día Dios me daría la fe en Mahoma.
Pero eso fue hace tiempo y, de momento, no parece cumplirse su deseo.
8 comentarios:
Muy buena la respuesta. Podías haberle dicho(a toro pasado es fácil pensar una respuesta) que no es lo mismo creer en un profeta que predicó la Jihad, que en Jesús,que murió perdonando a sus enemigos.
Igual te hubiese denunciado a la Muttawa!
#Antecedente, podría haberle dicho la verdad: que Jesús es el Hijo de Dios y Mahoma un falso profeta, pero entonces no estaría aquí ahora escribiendo este blog. ;-)
Podrías haberle dicho "vayase Ud. a la mierda infiel" pero claro desde el ordenador es muy bonito imaginar las respuestas. En cualquier caso tu respuesta demuestra inteligencia.
He disfrutado con la anécdota. Gracias
le faltó poner "bukra" delante y por eso Alá tarda tanto, pero va a tardar tanto que para mi que ya se le ha olvidado.
:P
Muy buena la anécdota, Crispal, y genial la argumentación que le diste al taxista. ;-)
Buena entrada, aunque se me hace raro que un "ortodoxo" sea tan "fácil" de convencer.
Quizás tengas carisma y eso sumado a tu dominio del árabe.
Saludos,
No creo que yo tenga mucho carisma, más bien una pizca de sentido común y algo de suerte. ;-)
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