Llevo algún tiempo dándole vueltas al poema de Lope de Vega "¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?" y pensando en su contenido. Llenamos nuestras vidas con infinidad de actividades que nos impiden pensar en lo verdaderamente importante: que esto se acaba. Sí, vivimos como si no fuéramos a morir nunca, y nos negamos a escuchar esa voz que nos llama desde dentro. Algunos silencian esa voz conscientemente y al cabo del tiempo ni la oyen.
Me gustaría dedicarle esta entrada a mi amigo L., que vive en Dubai.
¿QUÉ TENGO YO, QUE MI
AMISTAD PROCURAS?
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno a oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí!; ¡qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
Cuantas veces el ángel me decía:
"Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuanto amor llamar porfía"!
¡Y cuántas, hermosura soberana:
"Mañana le abriremos", respondía,
para lo mismo responder mañana!
9 comentarios:
Por eso que son cuatro días no podemos permitir que Rodríguez el Traidor nos amargue la mitad.
Menos mal que a el si que le quedan dos telediarios.
Es curioso la de veces que le dejamos fuera con lo bien que se esta cuando esta cerquita
#Eos, y cuántas veces decimos -como dice el poema- mañana le abriremos para lo mismo responder mañana.
Ayer vi por cuadragésimo cuarta vez la película Poder Absoluto. Me gusta mucho Harry el Sucio sobre todo desde que ya no ejerce.
En un momento dado, el poli que le sigue los pasos le dice: "¿Estará aquí mañana?", y él reponde: "El mañana no está asegurado para nadie"...
Toma castaña. Es una de esas frases buenas buenas, sobre todo en voz de Constantino Romero. Y lo son, no por decir nada especial, sino, precísamente, por no decirlo.
Comparto tu reflexión. Creo que nuestra a veces excesiva necesidad de hacer mil cosas (muchas de ellas con nulo efecto positivo sobre nosotros), de estar permanentemente con la cabeza ocupada, tiene que ver con el íntimo temor a un final que conocemos de antemano. De hecho, es lo único de lo que tenemos constancia al 100 por cien sobre nuestro futuro.
Un saludo
MMX
MMX, efectivamente, ésa es la idea. Nadie quiere hablar de ello y todos sabemos que es inevitable. Nos afanamos en millones de cosas que se quedarán aquí cuando nos vayamos. ¿Qué llevaremos al otro lado?. Gracias por tu comentario. Saludos.
Creo que llevaremos... de entre lo vivido, lo aprendido...
MMX
L, desde Dubai, te agradece tu dedicatoria y se queda mudo con el poema.....
Anónimo. Ya sabía yo que le iba a gustar. ;-)
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