Hay noticias que dan ganas de vomitar. A ver si me entero: para que el feto no salga vivo en los abortos tardíos (cosa que se ve que ocurre) y que el médico no tenga que matarlo cuando ya está fuera de la madre (cosa que se ve que solían hacer hasta que ha sido prohibido) se recurre a inyecciones mortales similares a las que se usan con los condenados a muerte y se inyecta al feto para que se muera antes de salir del vientre de la madre. ¿Asesinato? No, qué va, ciencia, racionalismo, modernidad. A uno se le ponen los pelos de punta al ver cómo cada vez nos parecemos más a los nazis. (Pequeño apunte literario: ya Jorge Luis Borges en su muy recomendable cuento "Deutsches Requiem" aventuraba la teoría de que los nazis habían perdido la guerra pero su ideología se había impuesto en el mundo).
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Las inyecciones letales proporcionan un escudo legal.
By Carey Goldberg, Globe Staff | August 10, 2007Como respuesta a la decisión del Tribunal Supremo de confirmar la Ley de Prohibición del Aborto de Nacimiento Parcial muchos abortistas en Boston y otros sitios del país han adoptado una táctica defensiva. Para evitar cualquier posibilidad de que el feto salga vivo se le inyecta una droga mortal antes de proceder al aborto.
Este cambio clínico en los abortos tardíos va directamente contra lo normal, algunos médicos dicen: supone un ligero riesgo para la mujer y no presenta beneficios médicos.
"No creemos que nuestras pacientes deban asumir un riesgo cuyo único beneficio claro es de tipo legal para el médico", escribió en un correo electrónico el Dr. Philip D. Darney, jefe de obstetricia del Hospital General de San Francisco. Él ha elegido no usar las inyecciones.
Pero otros, aunque no siguen el procedimiento prohibido, se sienten empujados a hacer todo lo que pueden para protegerse y proteger a su personal de la posibilidad de ser acusados. Aprobada en abril, la prohibición federal está escrita de forma poco concreta, no especifica una edad para el feto y prescribe una sentencia de dos años de cárcel.
En Boston tres grandes hospitales afiliados a Harvard, el Massachusetts General, el Brigham and Women's y el Beth Israel Deaconess, han respondido a la prohibición con la adopción de las inyecciones como nuevo procedimiento corriente de actuación para abortos de más de 20 semanas de gestación, dijo el Dr. Michael F. Greene, director de obstetricia del Massachusetts General.
"Ningún médico quiere ser acusado de tropezar accidentalmente con uno de esos procedimientos", dijo Greene.
El Boston Medical Center, también, ha empezado a usar las inyecciones para abortos tardíos, dijo el Dr. Phillip Stubblefield, profesor de obstetricia y ginecología en la Boston University Medical School. La decisión ha sido tomada "tras mucha angustia sobre qué hacer", declaró.
El método prohibido supone que el feto salga vivo y después causar su muerte intencionadamente. Incluso antes de que fuera prohibido el procedimiento era cada vez más raro, alcanzando a una fracción del 1 por ciento de todos los abortos.
En su lugar, los médicos causan la muerte del feto quirúrgicamente cuando todavía está en el vientre materno y luego lo extraen.
Pero ahora, si el feto no está muerto y comienza a salir, un abortista podría ser acusado de violar la ley. Por eso las inyecciones mortales previas, debidamente documentadas, tienen por objetivo evitar la acusación y acción judicial.
Greene dijo que en las manos experimentadas del personal de un hospital las inyecciones no suponen ningún riesgo y son "increíblemente simples", comparadas con otros procedimientos de obstetricia. La peor contrapartida, dijo, es que "se trata de otro procedimiento más que el paciente debe soportar".
Los pacientes no presentan objeciones a las inyecciones, dijo.
"Todos aprecian lo que hacemos por ellos y entienden las circunstancias bajo las que trabajamos", dijo Greene.
Las inyecciones se aplican en abortos posteriores a las 18 ó 20 semanas de gestación. (Massachusetts prohíbe virtualmente todos los abortos de 24 o más semanas excepto para proteger la vida o salud de la madre). El personal médico inyecta la droga del corazón Digoxina o cloruro potásico, una sal potencialmente venenosa usada también en ejecuciones estatales.
El señor Darney de San Francisco y otros colegas han estudiado ambos productos químicos utilizados desde hace tiempo en abortos tardíos que consisten simplemente en provocar el parto. Darney dijo que su grupo concluyó que la Digoxina era segura pero no ofrecía ventajas en el proceso real del aborto, a pesar de que algunas experiencias clínicas parecen sugerir lo contrario.
No encontraron registros de seguridad del cloruro potásico, pero en algunos casos se sugirió que podría ser peligroso si por accidente se inyectaba a la madre en vez del feto.
Decidieron que fuera el paciente el que decidiera si quería inyección o no. Algunos se muestran confortados con la idea de que el feto está muerto antes de ser extraído.
El interés en usar Digoxina ha sido tan alto en los meses recientes que la Federación Nacional de Abortos, asociación profesional de abortistas, desarrolló un protocolo de uso para sus miembros, y además lleva a cabo labores de formación.
No está claro qué proporción de abortistas se están pasando a la Digoxina, dijo Vicky Saporta, presidenta de la Federación. "Todavía se está discutiendo", dijo.
Pero el Dr. Mark Nichols, profesor de obstetricia y ginecología de la Oregon Health & Science University, dijo que tenía la impresión de que la mayoría de los abortistas habían hecho de las inyecciones algo rutinario.
En su propia clínica la nueva regla es que cualquier paciente con un feto de más de 20 semanas debe someterse a la inyección, dijo.
Respeta profundamente al Dr. Darney y su punto de vista, dice Nichols, "pero al mismo tiempo creo que estoy un poco más preocupado por el riesgo para la facultad y el personal aquí".
Esta preocupación es tan grande en su clínica, dijo, que la prohibición está teniendo un impacto en la educación médica: los estudiantes de medicina y de enfermería ya no son invitados a asistir a abortos tardíos por miedo a que puedan malinterpretar el procedimiento e iniciar acciones legales.
Los abortos se practican en un amplio número de instalaciones, desde grandes hospitales hasta pequeñas clínicas de planificación familiar lo que puede influir en gran manera sobre la decisión de aceptar las inyecciones, dijo la Dra. Laurent Delli-Bovi, director médico de Women's Health Services, una clínica privada de planificación familiar en Chestnut Hill.
En grandes hospitales, dijo, hay una mayor posibilidad de sentimientos antiabortistas y por ello más necesidad de que los abortistas actúen a la defensiva.
Women's Health Services, por ejemplo, decidió en contra de las inyecciones porque no aplica el procedimiento prohibido y el riesgo de acusación es bajo. Pero en otra respuesta común a la prohibición, la clínica ha cambiado su procedimiento de consejo y consentimiento informado para abortos tardíos para explicarle claramente a los pacientes que el feto está muerto antes de ser extraído del útero.
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