El trabajo de exportador te da la oportunidad de vivir situaciones inesperadas. En mi caso, y dados mis humildes conocimientos del árabe, la Empresa me ha dado la oportunidad de recorrer Oriente Medio y disfrutar de momentos inolvidables.
Siria. Hace dos años. Nuestro contacto local se empeñó en que debía viajar de Damasco a Homs para una entrevista. Se trata de unas dos horas en taxi así que a la mañana siguiente madrugaba yo para poder llegar a Homs a la hora convenida. Había apalabrado con el hotel la presencia de un taxista a primera hora de la mañana y así fue, allí estaba mi taxista esperándome. Me llamaron la atención su aspecto cultivado, sus gafas redondas como de intelectual, y la fluidez con la que hablaba el árabe clásico en vez del dialecto damasceno.
Dos horas de viaje dan para mucho, y dada mi curiosidad natural, empezamos a hablar. Me preguntó mi nombre. "¿Carlos?" me dijo. "Yo tenía un amigo que se llamaba Carlos". Qué casualidad, pensé yo. No es un nombre especialmente original, pero la posibilidad de que un taxista en Damasco conozca a otro Carlos me resultó curiosa. "Era argentino o algo así. Un buen tipo y un buen amigo". Pensé que era normal que fuera buen tipo llamándose como yo, pero inmediatamente descarté ese pensamiento fruto de mi propia vanidad (cualquiera puede llamarse Carlos y ser despreciable).
"Sí, mi amigo Carlos era buen tipo aunque la gente dice que era malo". Hmm, empezó a picarme la curiosidad. "Y también hablaba árabe como tú". Vaya, otro Carlos que habla árabe.
"La verdad es que hace años que no le veo. Venía a mi casa con frecuencia y hablábamos mucho de política. Le gustaba mucho la política y sabía mucho del tema. Creo que ahora está en la cárcel en Francia"
¿Carlos, sudamericano, que habla árabe, que vivió en Siria años y que le interesaba la política? No pude evitar preguntar: "¿Tu amigo no sería Carlos el Chacal, el terrorista más famoso del mundo en su tiempo?". "¡Sí, ése, ése es mi amigo Carlos!"
Y allí estaba yo, yendo de Damasco a Homs con un taxista amigo del mismísimo Illich Ramírez Sánchez, más conocido como Carlos el Chacal, "un buen tipo aunque la gente dice que era malo".
Jamás podré agradecer a la Empresa lo suficiente momentos como ése.
Siria. Hace dos años. Nuestro contacto local se empeñó en que debía viajar de Damasco a Homs para una entrevista. Se trata de unas dos horas en taxi así que a la mañana siguiente madrugaba yo para poder llegar a Homs a la hora convenida. Había apalabrado con el hotel la presencia de un taxista a primera hora de la mañana y así fue, allí estaba mi taxista esperándome. Me llamaron la atención su aspecto cultivado, sus gafas redondas como de intelectual, y la fluidez con la que hablaba el árabe clásico en vez del dialecto damasceno.
Dos horas de viaje dan para mucho, y dada mi curiosidad natural, empezamos a hablar. Me preguntó mi nombre. "¿Carlos?" me dijo. "Yo tenía un amigo que se llamaba Carlos". Qué casualidad, pensé yo. No es un nombre especialmente original, pero la posibilidad de que un taxista en Damasco conozca a otro Carlos me resultó curiosa. "Era argentino o algo así. Un buen tipo y un buen amigo". Pensé que era normal que fuera buen tipo llamándose como yo, pero inmediatamente descarté ese pensamiento fruto de mi propia vanidad (cualquiera puede llamarse Carlos y ser despreciable).
"Sí, mi amigo Carlos era buen tipo aunque la gente dice que era malo". Hmm, empezó a picarme la curiosidad. "Y también hablaba árabe como tú". Vaya, otro Carlos que habla árabe.
"La verdad es que hace años que no le veo. Venía a mi casa con frecuencia y hablábamos mucho de política. Le gustaba mucho la política y sabía mucho del tema. Creo que ahora está en la cárcel en Francia"
¿Carlos, sudamericano, que habla árabe, que vivió en Siria años y que le interesaba la política? No pude evitar preguntar: "¿Tu amigo no sería Carlos el Chacal, el terrorista más famoso del mundo en su tiempo?". "¡Sí, ése, ése es mi amigo Carlos!"
Y allí estaba yo, yendo de Damasco a Homs con un taxista amigo del mismísimo Illich Ramírez Sánchez, más conocido como Carlos el Chacal, "un buen tipo aunque la gente dice que era malo".
Jamás podré agradecer a la Empresa lo suficiente momentos como ése.
9 comentarios:
Buenísima anécdota. Para hacer un guión para una película española; pero para qué estropear el guión, mejor que la hagan los americanos.
Ignacio el coyote
Muchas gracias. Ya pensaba yo que nadie leería esta historia. ;-)
leerla si que se ha leído, y también escuchado ;).
Son muchos años en estas tierras ignotas, seguro que nos regalas alguna perla mas como esta.
Pues sí, a ver si me animo. Tengo unas cuantas que, por increíbles me da no sé qué incluir, pero todo se andará.
Fantástico, los amigos de nuestros amigos monclovitas. En esas tierras que visitas debes vivir peligrosamente
Bah, nunca más peligrosamente que en cualquier otros sitio. Mi aspecto de moro me ayuda a mimetizarme con el paisaje ;-)
Es posible entender mejor este comentario en la referencia que aparece el 14 de ener, donde consta las felicitaciones de Navidad que te hicieron los islamistas (incluso wahabbies). El problema que aquí tenemos es el de la rendición ante todo lo que pueda aparecer como contrario a USA. Por eso, las alianzas se hacen con enemigos de los USA, que a la postre son enemigos de la libertad. Europa está condenada a pasar a una tercera o cuarta fila miemtras continúe con políticos como éstos
Carlos, siempre me sorprendes, no sabía que conocías a un amigo del camarada Ilich. Seguiré con detenimiento tus aventuras en tierra de infieles.
Pues me parece que le copio la iniciativa al Coyote ;)
No sólo es buena anécdota, es que está bien contada.
Publicar un comentario