viernes, 1 de marzo de 2013

Life is a lot of fun

Verdaderamente el don tenía aspecto de italiano. Era divertido escucharle hablar en inglés con su acento romano. Su traje impecable, sus ojos azules, su aspecto de hombre de mundo y la forma tan especial que tenía de hablar con las manos hacían impensable pensar que fuera libio. Sólo cuando hablaba con sus empleados en su idioma natal te dabas cuenta de su verdadero origen. Por otra parte solía pasar largas temporadas en Roma donde residía su mujer.

La reunión era distendida. Era febrero, 2011, y en Trípoli hacía un tiempo espléndido que te permitía tomar un café al aire libre e invitaba al buen humor. Allí, K., para nosotros el don, ejercía su papel de anfitrión mediterráneo junto al mayor de sus hijos, el heredero, y sus subordinados. El hijo, romano por parte de madre y libio por línea paterna, parecía sacado de un anuncio de Martini. Lucía, en febrero, un bronceado envidiable. Era alto como su padre, de pelo negro engominado y peinado hacia atrás sin raya, y vestía un traje de Armani, zapatos de Gucci, y el resto de accesorios que un italiano rico y preocupado por la moda pudiera llevar. Sus manos se movían al hablar y mezclaba el italiano con el inglés de forma graciosa.

K. nos contó cosas de su vida, de cómo su familia ya dominaba la política con la monarquía y cómo seguían dominando en tiempos de Gadhafi. Nos habló de las dos o tres familias libias importantes, los karamanlis y demás, auténticos dueños del país durante y después del Imperio Otomano. Su conversación era amena, anécdotas de su juventud como cuando con un amigo montó una fábrica de colchones. Él y su amigo descubrieron que si se le echaba menos materia prima a la máquina que hacía los colchones de espuma ahorraban mucho dinero aunque el grosor y calidad de los colchones quedaban seriamente afectados. Uno de sus primeros negocios fue un contrato para suministrar colchones a todas las cárceles de Libia. Cuando llegó la revolución y tras unos primeros momentos de confusión, él y su socio fueron encarcelados. Eso no fue lo peor, lo peor fue que tuvieron que dormir en sus propios colchones. El don se reía contando cómo tuvo que padecer la nefasta calidad de sus propios colchones. "Life is a lot of fun" decía.

Yo andaba preocupado con la situación en Túnez y en Egipto. Les pregunté si no era posible algo así en Libia. El hijo del don afirmó rotundamente: "¿Aquí en Libia? ¡Imposible!" Una semana después empezó el cambio de régimen. Espero verle pronto. Supongo que como decía Lampedusa en El gatopardo: todo debe cambiar para que todo siga igual. 


6 comentarios:

Kiasma dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Kiasma dijo...

Hola! Me llamo Jorge y acabo de aterrizar en Riyadh como expat y he echado un vistazo a tu blog... ¿sigues en Riyadh??

Crispal dijo...

Sigo en Riyadh, sí. Puedes contactarme por correo electrónico. crispalarabiaARROBAgmailPUNTOcom

Almudena dijo...

Muchas gracias por este viaje virtual. Me ha encantado. Y también que no abandones el blog...

AMDG dijo...

Hay al final algo anacrónico, cuentas que lo apresan pero después que dice que en Libia no puede suceder nada.

Un abrazo

tipiconsla dijo...

Ya tenía ganas de leerte :)