Como dirían Astérix y Obelix: "Están locos estos romanos".
(Del DRAE: in pártibus infidélium: "en países de infieles") Historias de un infiel en tierras de infieles y otras cosas... ("Las mujeres virtuosas son devotas y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Alá manda que cuiden. ¡Amonestad a aquéllas de quienes temáis que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles!" Corán 4:34). ("Matad a los asociadores donde quiera que los halléis. Capturadlos, sitiadlos y tendedles toda clase de emboscadas". Corán 9:5)
miércoles, 13 de noviembre de 2013
Un motorista acróbata en Riyadh
Me pasa mi amigo C. un vídeo tomado por un compañero de trabajo un día cualquiera en Riyadh.
Como dirían Astérix y Obelix: "Están locos estos romanos".
Como dirían Astérix y Obelix: "Están locos estos romanos".
viernes, 30 de agosto de 2013
La bondad de los desconocidos
No es ningún secreto que solemos ser críticos con Arabia Saudí por distintos motivos y con cierta frecuencia. Sin embargo, en ocasiones, debemos reconocer que la gente, el pueblo saudí, nos sorprende con detalles inesperados que hacen que nuestra vida aquí sea más agradable. Es lo que le ha ocurrido a mi amigo C., que nos cuenta la siguiente anécdota.
"Hace unos días vino a visitarnos un altísimo cargo de la empresa en la que trabajo. Nuestro principal cliente, para agasajarle, puso a nuestra disposición un flamante Mercedes con todo lujo de detalles. Hay que reconocer que esta gente, cuando quiere, sabe hacer uso de una hospitalidad magnífica. El caso es que una noche, tras dejar a nuestro jefazo en su hotel, un compañero de mi oficina y yo volvíamos al compound donde vivimos en el flamante Mercedes. De pronto una de las ruedas del coche pinchó y no tuvimos más remedio que salir de la autopista y buscar un taller-gasolinera. Encontramos uno pero eran las 2 de la mañana y el taller estaba cerrado. Mi compañero y yo íbamos vestidos con nuestros trajes, corbata, el coche lleno de regalos del cliente, etc. No nos apetecía a ninguno de los dos ponernos manos a la obra a cambiar la rueda. En ese momento paró a nuestro lado un coche con cuatro saudíes jóvenes con muy mala pinta. Yo le dije a mi compañero que tuviera cuidado por si nos querían robar. Hay que decir que últimamente en Riyadh se están produciendo muchos robos y nuestro aspecto, a esas horas de la madrugada, nos convertía en víctimas ideales.
Los muchachos nos preguntaron en árabe si necesitábamos ayuda. Yo les dije que sí, que no sabíamos cambiar la rueda. Y no se lo pensaron ni un minuto: se bajaron los cuatro del coche y, en lugar de robarnos, sacaron la rueda de repuesto, montaron el gato, desmontaron la rueda y la cambiaron por la otra. Acabada la operación, les dimos las gracias y, sin pedir nada a cambio (ni dinero ni nada), se fueron por donde habían venido.
Y es que, en el fondo, hay mucha gente buena en Arabia".
jueves, 22 de agosto de 2013
La chica del iPad rojo
Hace unos días mi iPhone 5 empezó a fallar. Supongo que el problema estaba relacionado con esa manía mía de no dejar las cosas como están sino buscar siempre más allá. En mi caso le había hecho el jailbreak y le había instalado, entre otras apps, un programa antirrobo llamado IcaughtU Pro. El caso es que el programa fallaba y no paraba de pedir, cada dos por tres, que introdujera la clave de acceso. Harto del programita decidí desinstalarlo o, en terminología Apple, eliminar la app. Y no. Se instalaba solo cada vez que arrancaba el iPhone.
Ante este problema y, sospechando que la cosa podría ir a más, decidí restaurar el móvil. Esto supone borrar todo el contenido, dejarlo como viene de fábrica y reinstalar todo desde la nube. Lo bueno de Apple es que todos tus programas y datos se guardan en un servidor remoto de la empresa, la famosa nube, y puedes recuperarlos fácilmente. Al restaurar el iPhone éste decidió instalar la última versión del iOS (el sistema operativo), la 6.1.4, para la que no existe jailbreak. Bueno, pensé, seremos legales. Todo sea por recuperar el iPhone.
Pero no. Ahí empezó mi pesadilla. A partir de ese momento mi móvil se apagaba y encendía solo cada dos por tres sin venir a cuento. Lo volví a restaurar y nada. Lo mismo. Busqué en Internet y empecé a asustarme. "Si en el log del diagnóstico de uso te sale el nombre PANIC.PLIST el problema es de hardware" ¿PANIC? Sonaba chungo. Busqué el log de diagnóstico y allí estaba el mensaje PANIC.PLIST repetido hasta la saciedad. Tendría que llevarlo a un Apple Store.
En Sevilla no hay Apple Store pero, para mi sorpresa, hay uno en Valladolid a donde iba yo a pasar una semanita de vacaciones. Y así fue: en cuanto llegué a Valladolid me fui directo a Río Shopping, nuevo centro comercial en Arroyo de la Encomienda, Valladolid, donde se encuentra el Apple Store.
Yo nunca había estado en un Apple Store, y confieso que la experiencia es excelente. Nada más entrar en la tienda se te acerca un dependiente para ayudarte. Los empleados llevan todos una camiseta azul y son fácilmente reconocibles. Te pregunta lo que te pasa y, como era mi caso, si necesitas ayuda técnica te explica que tienes que pedir cita para que te atiendan en el Genius Bar, una especie de barra de bar donde los técnicos atienden a los clientes. Si no tienes cita él mismo te la da al momento. A mí me dieron cita para una hora después. Me dijo que cuando volviera buscara al empleado que estuviera usando el iPad rojo.
Al volver a la tienda ves al empleado, en mi caso, empleada del iPad rojo. El contraste con las camisetas azules es tan claro que lo ves enseguida. Me acerqué a la chica del iPad rojo que me saludó por mi nombre y me dijo que me acercara al Genius Bar, al fondo de la tienda.
Allí me atendió el técnico que, tras analizar el problema, me preguntó: "¿Qué te parece si te cambiamos tu iPhone por otro igual nuevo?" Me pareció muy bien y así lo hizo. Lo curioso es que no te piden nada, ni factura, ni recibo ni nada. En mi caso, además, el iPhone estaba comprado en Arabia Saudí. Hay quien dice que, en realidad, el iPhone que te dan no es nuevo sino de segunda mano reparado. No lo sé. Externamente es exactamente igual que uno nuevo. Y sólo sé que entré con un iPhone averiado y salí con otro que funciona perfectamente.
En fin, un claro ejemplo de lo bien que funciona un buen servicio al cliente cuando las cosas se hacen como a uno le gustaría. Yo estoy encantado con la experiencia y quería compartirlo.
viernes, 24 de mayo de 2013
viernes, 1 de marzo de 2013
Life is a lot of fun
Verdaderamente el don tenía aspecto de italiano. Era divertido escucharle hablar en inglés con su acento romano. Su traje impecable, sus ojos azules, su aspecto de hombre de mundo y la forma tan especial que tenía de hablar con las manos hacían impensable pensar que fuera libio. Sólo cuando hablaba con sus empleados en su idioma natal te dabas cuenta de su verdadero origen. Por otra parte solía pasar largas temporadas en Roma donde residía su mujer.
La reunión era distendida. Era febrero, 2011, y en Trípoli hacía un tiempo espléndido que te permitía tomar un café al aire libre e invitaba al buen humor. Allí, K., para nosotros el don, ejercía su papel de anfitrión mediterráneo junto al mayor de sus hijos, el heredero, y sus subordinados. El hijo, romano por parte de madre y libio por línea paterna, parecía sacado de un anuncio de Martini. Lucía, en febrero, un bronceado envidiable. Era alto como su padre, de pelo negro engominado y peinado hacia atrás sin raya, y vestía un traje de Armani, zapatos de Gucci, y el resto de accesorios que un italiano rico y preocupado por la moda pudiera llevar. Sus manos se movían al hablar y mezclaba el italiano con el inglés de forma graciosa.
K. nos contó cosas de su vida, de cómo su familia ya dominaba la política con la monarquía y cómo seguían dominando en tiempos de Gadhafi. Nos habló de las dos o tres familias libias importantes, los karamanlis y demás, auténticos dueños del país durante y después del Imperio Otomano. Su conversación era amena, anécdotas de su juventud como cuando con un amigo montó una fábrica de colchones. Él y su amigo descubrieron que si se le echaba menos materia prima a la máquina que hacía los colchones de espuma ahorraban mucho dinero aunque el grosor y calidad de los colchones quedaban seriamente afectados. Uno de sus primeros negocios fue un contrato para suministrar colchones a todas las cárceles de Libia. Cuando llegó la revolución y tras unos primeros momentos de confusión, él y su socio fueron encarcelados. Eso no fue lo peor, lo peor fue que tuvieron que dormir en sus propios colchones. El don se reía contando cómo tuvo que padecer la nefasta calidad de sus propios colchones. "Life is a lot of fun" decía.
Yo andaba preocupado con la situación en Túnez y en Egipto. Les pregunté si no era posible algo así en Libia. El hijo del don afirmó rotundamente: "¿Aquí en Libia? ¡Imposible!" Una semana después empezó el cambio de régimen. Espero verle pronto. Supongo que como decía Lampedusa en El gatopardo: todo debe cambiar para que todo siga igual.
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