domingo, 3 de octubre de 2010

¿Cómo se mide el éxito de una huelga?


Ahora que ya ha pasado la huelga y que parece que sus repercusiones mediáticas se han suavizado me gustaría contaros una anécdota que me sirve de reflexión. Se refiere, una vez más, a mi amigo C.

El pasado martes 28 C. preguntó al Consorcio de Transportes de Sevilla si al día siguiente, día de la huelga, habría servicios mínimos. Le dijeron que sí, que el primer autobús que bajaría desde el pueblo en el que vive, en el Aljarafe sevillano, saldría del pueblo a las 7:30 de la mañana. Mi amigo C. pensó: "Bueno, por muy mal que vayan las cosas con esperar como mucho un par de horas seguro que pasa el autobús". A la mañana siguiente se presentó en la parada del autobús a las 7:15. Esperó dos horas sin que apareciera ningún autobús. Entonces llamó al Consorcio y le dijeron que, lamentablemente, no se cumplirían los servicios mínimos y que no habría ninguna línea de autobús disponible ese día.

Mi amigo llamó entonces al servicio de taxis del Aljarafe, Taxi-Aljarafe. No contestaron a la línea. C., ya nervioso y esperando lo peor, volvió a su casa. Llegó sobre las 10 de la mañana. Volvió a llamar a Taxi-Aljarafe. Nada. Repitió la operación a las 10:30, a las 11, a las 11:30 y a las 12. Nada.

A las 12 de la mañana le llamaron del trabajo para preguntarle si se había sumado a la huelga. Al parecer en la empresa estaban controlando rigurosamente las ausencias al trabajo de ese día. Mi amigo les explicó la situación y le pidieron que les enviara un correo electrónico explicando los motivos y, si era posible, un justificante. Total, C. se vio impedido a ejercer su derecho al trabajo porque los sindicalistas no cumplieron con lo que habían pactado, dando así una muestra más de su buen talante democrático y su respeto a sus promesas y a los derechos de los demás.

La reflexión que todo esto me produce es que ¿tiene éxito una huelga que impide a la gente ejercer su derecho al trabajo? Porque si de lo que se trata es de medir cuánta gente no puede llegar a trabajar la cosa es fácil, se colapsan los servicios de transporte y ya está, éxito total de la huelga.

Para mí sería más representativo convencer con argumentos serios a la gente para no ir a trabajar y dejar los servicios mínimos en paz. Si los sindicatos tuvieran razón nadie iría a trabajar el día de huelga aunque los servicios de transporte funcionaran como un día normal. Imaginemos la escena: todas las líneas de autobús, metro y taxi funcionando perfectamente pero sin transportar a nadie. Todo el mundo en casa por su propia voluntad, no obligados por unos delincuentes que no cumplen lo que pactan. Eso sí sería un éxito de huelga. Lo otro es coacción.

La pregunta sería: ¿tenemos la obligación de seguir aguantando a unos sindicatos que se comportan como mafiosos, impiden a la gente ir a trabajar, destrozan comercios, camiones, y autobuses? ¿Es eso la democracia de la que tanto hablamos y presumimos? ¿Dónde quedan los derechos de los que no ejercemos la violencia contra los demás? ¿Quién nos protege? ¿Debemos empezar a plantear otro debate como el del derecho a portar armas para poder defendernos de los que imponen con la violencia su libertad?. Amigos míos, a mí cada vez me gusta menos lo que está pasando en España, y no veo una solución fácil.


1 comentario:

tipiconsla dijo...

Tenemos los sindicatos que nos merecemos y la democracia que nos merecemos... y si, desgraciadamente hay que seguir aguantándo a los sindicatos porque, aunque sean unos subvencionados corruptos, es la mejor forma que tenemos de defender los derechos de los trabajadores. Lo que hay que hacer es arreglarlos, igual que la democracia de risa que tenemos.