sábado, 31 de enero de 2009

Recuerdos de un estudiante de árabe (3)


Normalmente la gente tiene una imagen de Marruecos más o menos idílica. Pasan unos días en hoteles estupendos, se pasean por los zocos comprando cosas muy baratas y vuelven a casa encantados de lo "auténtico" que es el país y su gente. Mi experiencia fue distinta.

Pensaba que sería más difícil pasar la aduana y entrar en Marruecos. Eran los tiempos de Hassan II. Al llegar al control de equipajes el aduanero empezó a registrar mi maleta. Encontró mi Biblia y me dijo que no podía entrar en el país con ella. "No te preocupes", dijo, "puedes dejarla aquí y recogerla cuando salgas del país". Y así fue, por lo menos no mentía. Cuando estaba a punto de terminar de registrar la maleta cogió mi mano y empezó a pedirme dinero en voz baja. "Lo siento, soy estudiante, no tengo dinero". "Bueno, la ba's, no importa". Aquello me resultó extraño. ¿Qué clase de país es ése en el que los aduaneros al entrar te piden limosna?. No sería la última vez que me ocurriera.

Un buen día iba yo atravesando la plaza del Palacio Mausoleo de Muhammad V en Rabat y me paró otro policía. "¿Dónde vas?" preguntó. "Soy estudiante, voy a clase". Me pidió la documentación y al ver que era español me pidió dinero. Al decirle que era estudiante y que no tenía nada me dejó seguir.

En otra ocasión se nos acercó un niño pidiendo limosna. Al parecer la mendicidad está prohibida en Marruecos. Llegó la policía y empezaron a apalear al niño delante de nuestras narices. Luego lo metieron en una furgoneta y se lo llevaron. La paliza que le dieron fue severa. Por pedir limosna en un país en el que hasta la policía te pide dinero a cada paso.

Un compañero de clase había llegado a Marruecos en coche desde España. Un día nos llevaba a una fiesta. Nos para de pronto la policía. "Se ha saltado usted un stop", dijo un policía. "¿Stop? No había ningún stop" dijo mi amigo. "Sí lo había, pero usted no lo ha visto. La multa son 100 dirhams". Mi amigo pagó y seguimos el camino. Al más puro estilo Antonio David, el de Rociíto cuando era guardia civil.

Un país "auténtico", sin duda.

4 comentarios:

Jesús P. Zamora Bonilla dijo...

Experiencias realmente desalentadoras, y que me recuerdan a las que he vivido yo en países catoliquísimos como México y la República Dominicana.

Aurora Llavona dijo...

Es triste, sobre todo lo del niño.

Anónimo dijo...

¿México país catolicísimo?

Será por la guerra de los cristeros de los años 20 y porque suspendieron las relaciones con el Vaticano hasta 1988, casi a mitad del papado de Juan Pablo II y Salinas.

En todo caso, creo que la entrada no se refiere a la religión, sino a la experiencia que ha vivido el narrador. Creo que está claro que este tipo de corrupción se da en casi todos los países no desarrollados. La produce la necesidad.

Anónimo dijo...

Joder, si cobráseis lo que cobra un madero marroquí, o mexicano, ya me gustaría ver si no estirábais la mano. La honradez es un lujo de ricos, señores.
Y Coyote, Mexico es un país catoliquísimo, como puede comprobar cualquiera que vaya allá y vea las cosas en vivo, no en los libros. Pásate por Tasco en Semana Santa y luego me cuentas milongas de sus relaciones con la Santa Sede. Otra cosa es que lo sean sus gobiernos, que no lo es lo mismo. ¿o va aresultar ahora que España ya no es un país católico?