miércoles, 17 de septiembre de 2008

Los milagros existen

La mayoría de la gente no cree en los milagros. Yo sí. Por suerte o por desgracia he sido testigo directo de alguno, y he tenido testimonio directo de algunos otros. Pero da igual. Los que no creen en los milagros los explican siempre con unas supuestas teorías científicas de lo más extravagante. Siempre me acuerdo de la escena de la película "El exorcista" en la que los médicos, desesperados porque no saben lo que le pasa a la poseída, le recomiendan que vaya a ver a un exorcista, un "brujo", con la explicación científica de que en algunas culturas existen ritos ancestrales en los que el sujeto se autoconvence de estar poseído por entidades espirituales y tras un elaborado ritual se consigue eliminar dicha autosugestión. El médico dice algo así como: "sé que suena extraño, pero el caso es que funciona". La ciencia impotente ante tantas cosas explica lo sobrenatural con argumentos extraños.

Pues bien, a continuación os incluyo la narración directa de un milagro que nos envía nuestro amigo L. No pretendo que lo creáis. Yo sí lo creo, pero ya se sabe, yo soy un teocón, un friki católico que cree en cosas que no ve. Sé que la narración no convencerá a nadie, y que de nada servirá decir que es un testimonio directo. "La monja miente" dirán algunos, "Crispal miente", dirán otros. Quizás pierda lectores, pero teniendo en cuenta que mi mejor lector es Google (más del 50% de las visitas a mi blog proceden de gente que busca en Google las cosas más inverosímiles), tampoco me importa mucho.

En fin, como decía antes, los milagros existen, aunque mucha gente no crea en ellos. Ahí va un testimonio directo:

La Hermana Julita jamás olvidará el día en que comprobó con sus propios ojos la existencia de Dios.

Su comunidad, las Hermanitas de los Pobres, le había encargado desde hace años el cuidado del Asilo San José en Tunja (Colombia); un asilo que vive de la caridad de hoteles y pensiones que le dan la comida que sobra, y de supermercados que le regalan los alimentos caducados que ya no pueden vender en sus estanterías.

En el asilo no hay únicamente ancianos, sino también enfermos mentales abandonados a su suerte por sus familias; tienen incluso un pabellón de enfermos peligrosos al cual no permiten el acceso a los visitantes.

Cada vez tiene más “inquilinos” y menos dinero con el cuál sostener a los ancianos, enfermos y otras cinco monjitas que se pasan la vida haciendo felices a unos seres a los cuales sus familias han olvidado. “A los ancianos se les aparta, después de habernos servido bien”, como dice Serrat. La descomposición a la cual ha llegado el mundo no tiene parangón en la historia de la humanidad. El siglo XX y lo que va del XXI sin duda será recordada como la era del egoísmo; una época en la que, al desaparecer Dios de nuestras vidas, desapareció el verdadero amor.

Pues llevaba ya la Hermana Julita varios meses sin poder llegar a fin de mes, angustiada por las deudas que había contraído para sobrevivir, y hacer sobrevivir a otras 50 personas, cuando llegó la factura de la electricidad y el agua, con dos meses vencidos y una cuenta de 180.000 pesos. Ella sabía que las facturas podía aguantar un máximo tres meses sin pagarlas, con lo cual tenía que pagar ésta en quince días o si no le cortaban el agua y la electricidad.

Comenzó a buscar a los benefactores habituales del asilo, pero ninguno de ellos podía hacerse cargo de la factura. Llegó el día 14 y no tenía el dinero. Inexorablemente se quedaría sin servicios públicos al día siguiente. No tendría agua para bañar los ancianos, ni con qué limpiarlos; algunos de ellos ni podían hacer sus necesidades en el retrete.

Desesperada, se enfadó con Dios y se fue al oratorio del asilo.

- ¿Cómo es posible que yo esté dando la vida por estos pobres ancianos y enfermos y Tú me dejes sin con qué pagar una factura de 180.000 pesos? ¿Pero no Te das cuenta que todos estos ancianos dependen de que tengan al menos lo mínimo? ¿Por qué me tratas así?

Inmediatamente se escuchó la campanilla de la entrada.

La Hermana fue a la puerta, mientras se limpiaba las lágrimas; abrió y vio a un señor muy elegante que sacaba su chequera; el señor comenzó a escribir un cheque por 180.000 pesos a nombre del asilo. Cuando terminó, se lo extendió a la Hermana Julita, mientras le decía:

- ¡Qué poca fe tiene usted, hermana!

La hermana Julita se quedó petrificada mientras el extraño caballero se perdía por las calles de Tunja

16 comentarios:

Anónimo dijo...

Crispal, quería hacerte una pregunta, es que he visto ya más de una vez que utilizas la palabra 'teocón', y no sé muy bien qué quiere decir o si es una palabra de estas de argot bloguero.
Gracias.

Crispal dijo...

Anónimo: teocón empezó como un insulto de los progres (la izquierda) contra los conservadores creyentes. Viene de Neocón (neoconservadores) pero le añaden lo de Teo (Dios). O sea, un teocón es un conservador católico. Si bien se usa como insulto a mí no me ofende en absoluto. Soy un teocón, sí, ¿y qué?. Soy católico, liberal en algunas cosas y conservador en otras.

Persio dijo...

Otro teocón que también lo cree ;)

Anónimo dijo...

ANtes nos llamaban papistas. A mí me gusta más lo de "papista" suena más despectivo. Lo de teocon suena muy moderno, casi relacionado con las nuevas tecnologías y tendencias.

Yo me considero papista. ¡Que se le va a hacer! Será por mi edad.

Anónimo dijo...

Ah, vale, gracias por la explicación. La verdad es que como lo usabas tu mismo no me sonaba a nada peyorativo. Bueno, ahora tampoco, porque decir que alguien es 'católico conservador' suena como una descripción sin más.

Chema dijo...

Mucho comentario sobre el teocon o neocon o papistas y nadie comenta la hermosa historia que nos trae Crispal. Impresionada se quedaría la hermana Julita (petrificada dice el relato), de la misma manera que me he quedado yo. Ahora bien me lleva a reflexionar la poca fe que tenemos en general. ¿Acaso no dice Dios pedid y se os dará? Si realmente tuvieramos fe no debería sorprendernos milagros como el relatado. Es la enfermedad de los tiempos actuales el absoluto escepticismo y el relativismo moral que lleva a negarnos a nosotros mismos. Esto me recuerda una anécdota. Le preguntaban a Antonio Machado el por qué hoy día no se construían catedrales y él contestó que "en los tiempos en que se construyeron las catedrales había convicciones y hoy día sólo tenemos opiniones". Enhorabuena por el blog Crispal y saludos a todos.

rojobilbao dijo...

El Señor proveerá es una máxima muy extendida entre algunas órdenes religiosas.

Otra historia para emocionarse.
http://rsanzcarrera.wordpress.com/2008/09/15/joe-eszterhas-nuevo-converso-al-catolicismo/

Crispal dijo...

Rojobilbao, muchas gracias por la información. Está claro que hay noticias que nunca veremos en la TV en España. ;-)

Elentir dijo...

La monda. Vaya anécdota.

Yo nunca he pasado algo así, pero sí cosas muy parecidas. En HO te pueden contar unas cuantas. Siempre que necesitan algo, aparece un alma caritativa para ofrecerlo, así, como si fuera casualidad (para quien todavía crea en las casualidades).

gilgamesh dijo...

Reconozco que me he reído un rato con la anecdota, solo de pensar la cara que se le puso a la monja...
jajaja
un saludo

Anónimo dijo...

Hace poco me contaron otro “milagro” similar, acaecido, creo recordar, en el Cottolengo de Valencia.
En el caso que nos ocupa, no tenían dinero para pagar el recibo del agua. Recibieron el aviso preceptivo de que si, en el plazo establecido, no saldaban la deuda, se les cortaría el suministro. Sucede que en los Cottolengos tienen prohibido pedir.
Agotado el plazo, ¡milagro!, el agua siguió fluyendo. Pasado un tiempo, cuando las monjitas consiguieron reunir, a base de donativos, repito, no solicitados, el importe adeudado, fueron a saldar la deuda y a agradecer que les hubiesen seguido suministrando el preciado elemento. Para sorpresa de todos, la empresa confirmó que, en la fecha prescrita, se había procedido al corte del suministro... pero en ¡la finca de enfrente! (por lo que se ve debía estar deshabitada, ya que este “error milagroso” no causó ninguna queja).

Aurora Llavona dijo...

Bonita historia. El problema es que yo también necesito un milagro y tengo menos fe que la hermana Julia.Necesito que se ablande un corazón muy endurecido a golpes.
Y yo si creo la historia

Destructor dijo...

LA MONJA MIENTE!!!
CRISPAL MIENTE!!!!!!!!!

Crispal dijo...

Destructor, te ha faltado añadir para ser más convincente: Allahu Akbar. ;-)

Anónimo dijo...

Recomiendo la lectura de Miracles, de C.S. Lewis. En inglés, por supuesto.

Anónimo dijo...

Lo que no veo es el milagro. Ese senho aparecio de la nada y desaparecio otra vez ? Digo yo que no porque si le dio un cheque ese hombre tendria que tener una cuenta bancaria, no ?

Si ese senhor existe puede ser que obrara por propia voluntad, ergo no hay milagro, o puede que fuera obligado por Dios, vaya milagro !

Salud !