martes, 31 de julio de 2012

Carta de una servidora del Instituto del Verbo Encarnado en Siria a su familia

Visto en INFOCATÓLICA. Impresionante la labor de la Iglesia es sitios como éste. No lo veréis en los periódicos ni en la TV, pero están ahí, siguiendo el ejemplo de Cristo.


Querida Familia:
Hola!!! Alabado sea Jesucristo!!! Ya es muy tarde y no puedo dormir por eso es que me puse a escribir… He dado muchas vueltas en la cama rezando el Rosario pero no hay caso. Los ruidos de las bombas son cada vez más cerca y seguidos. No es que tenga miedo, para nada! Solo que no puedo dejar de pensar en la pobre gente que está sufriendo. Los padres de familia, las pobres madres desesperadas por proteger a sus hijitos, los jóvenes soldados que están lejos de sus familias y que no saben si van a pasar la noche. En fin… No me queda más que encomendárselos a Nuestra Madre del Cielo para que interceda ante Dios y tenga misericordia de todos nosotros. Y por otro lado no puedo dejar de dar gracias a Dios por todo lo que nos da cada día, aún en medio de tanta confusión.
Como todos sabrán, ya hace más de un año y medio que comenzaron los disturbios en el país y hasta el día de hoy no se sabe que va a pasar. Todo empezó con algunas manifestaciones en distintas partes del país; luego la oposición se fue organizando y tomaron algunas ciudades importantes y hoy en día ya se habla de guerra civil. La situación se está volviendo caótica. Ahora nos cortan cada vez más horas de luz y lo mismo pasa con el agua. En algunos barrios más populares llegan a pasar hasta 10 horas al día sin luz y como estamos en verano, las temperaturas llegan a 47 grados en el día y por la noche 40. No hay combustible así que de a poco también se va parando el trabajo. El gas está carísimo… Hasta hace unos meses costaba 300LS la garrafa y ahora cuesta 3.500LS. Para que se den una idea, el sueldo de un empleado es de unos 8.000LS al mes y ahora casi la mitad del sueldo la gasta en una garrafa. Y así está todo de caro, los alimentos, la carne, la fruta y hasta cuesta conseguir pan. La gente está con mucho miedo y triste, sin esperanzas. Hay muchos cristianos que han dejado el país y los pocos que quedan están viendo cómo hacer para irse.

Y nosotros seguimos aquí, haciendo presencia y ayudando en lo que se puede. El otro día me preguntaban si tenía sentido seguir en esta misión como estaba la situación y me quedé pensando y le hice la misma pregunta a Dios. No tardó mucho en darme la respuesta. Al rato llegó una señora llorando muy preocupada, pidiendo solo ser escuchada y con el árabe medio atravesado (como lo hablamos) darle un pequeño consejo, una palabrita de consuelo, un apretón de mano. Después, los jóvenes de la Iglesia nos pidieron si podían venir a quedarse a nuestra casa algunos días para poder hacer algo distinto. Les dijimos que sí e hicimos 3 días de campamento. Aunque no parezca, es muchísimo lo que se puede hacer con la sola presencia, la gente lo valora mucho y para ellos es un ejemplo. Estos mismos jóvenes nos han pedido si pueden hacer Ejercicios Espirituales. Así que también está esa idea, poder hacerles ese bien, para que puedan descubrir la verdad. Para que descubran, en definitiva, a Cristo, el único que merece ser servido, por el cual vale la pena perderlo todo!!!
Yo estoy bien, estoy muy bien!!! Tengo una tranquilidad y paz en mi alma. Siento la misma felicidad que sentí el día que hice mis votos perpetuos, el día que decidí darle mi vida a Dios para siempre. Y creo que es por eso que estoy tan bien, porque es ahora cuando Él me pide que dé muestras de mi verdadero amor. La única cosa que me tenía preocupada eran mis padres, sobre todo mi mamá y su precaria salud. He pensado muchas veces en dejar la misión para no hacerlos sufrir a ellos, para que no vaya a ser motivo de que la salud de mi mamá empeore y sin embargo el otro día cuando hablé con ella y le conté la verdad de lo que estamos pasando, me dijo: “Hija, quedate tranquila que yo estoy muy bien. Por mí no quiero que dejes nada y no olvides que lo más importante es la caridad con los demásNo dudes nunca en dar un plato de comida al que lo necesite, aunque tengas que sacarte la comida de la boca. Cuídense y sean prudentes. Dios los cuida y El no va dejar que les pase nada”. Realmente, las palabras de mi madre me llenaron el corazón y me dieron más aliento para seguir adelante, para darlo todo (como ella misma me dijo y me ha enseñado siempre!!!). Me sentí orgullosa de ser su hija. Por eso también no puedo dejar de dar gracias a Dios por los padres que me regaló. El mundo podría pensar: ¿qué clase de madre es aquella que prefiere tener a su hija lejos, en un país en guerra, sabiendo que en cualquier momento le puede pasar algo? Es ese el verdadero amor de una madre, un amor desinteresado, que lo da todo sin esperar nada!!! Estoy más que segura que ella en estos momentos se muere por poder tenerme a su lado, pero entiende mi misión, sabe que es Dios el que me ha puesto en este lugar y es por algo, sabe que no hemos sido hechos para este mundo, que aquí solo estamos de paso. Y lo más importante de todo esto, es que ella también sabe que hay un premio que vamos a recibir las dos si somos fieles a la voluntad de Dios… Por eso no tengo ninguna duda que esto que estamos pasando redunda en un bien muy grande. Sé que sus oraciones, dolores y sufrimientos hacen que yo esté bien aquí donde estoy. Y sé también que mis oraciones y sacrificios hacen que ella esté fuerte y bien, a pesar de su enfermedad. Dios no nos deja nunca!!! No menos mérito tiene todo lo que hace mi padre. Aunque de modo silencioso y sin expresarlo, sufre igual pero me apoya. Dios les regale el Cielo a los dos porque se lo tienen merecido!!!
Tampoco puedo dejar de dar gracias por mi otra familia, mi Familia Religiosa. Es muy importante el apoyo que me dan mis superiores y la preocupación que tienen por nosotros. Y también mis compañeros de misión que me edifican con su ejemplo y sus ganas de seguir aquí a pesar de todo lo que pasa.
Bueno, ya me voy despidiendo. Pero antes quiero pedirles dos cosas: 1- Que no dejen de rezar por nosotros, por nuestra misión, por tanta gente que está sufriendo, por la paz no solo de Siria si no del mundo entero.
2-Que sean agradecidos con Dios por todo lo que nos da. No se queden en las pequeñeces y tonteras del mundo, en lo material, en lo que no llena el alma. Cuando tengan cualquier problema o dificultad sepan que hay otro que la está pasando peor, que hay otro que tiene dolores más grandes, que hay personas que sufren mucho más. Ofrezcan cada cosa de cada día por aquellos que más lo necesitan. Cuiden el alma, porque todo lo demás pasa… Como dijo tan hermosamente San Agustín: “Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”
Sepan que los quiero mucho y que los extraño un montón a todos, pero que estoy muy unida a ustedes por la oración.
“Mientras tanto Familia mía, porque no nos separemos, llévenme en sus corazones, que en mi corazón los llevo”.
Dios los bendiga y María los proteja siempre…
Un fuerte abrazo hasta lo eterno!!!
Celina

Instituto del Verbo Encarnado

jueves, 19 de julio de 2012

Feliz Ramadán 2012




Esta noche, si se ve la Luna, o mañana, si no, empieza el mes sagrado islámico de Ramadán. No me resisto a reproducir lo que dije aquí hace un año: 

Ahora que empieza el ramadán.
Pensad, musulmanes, la suerte que tenéis de poder ayunar voluntariamente en occidente. Pensad, asimismo, que en países como Arabia el cumplimiento del ayuno es obligatorio para nacionales y residentes, nativos y extranjeros, propios y extraños. Y que si te pillan fumando un cigarrillo te puedes ver expuesto a la deportación del país.
Pensad, musulmanes, que podéis ir a vuestras mezquitas en occidente a pedirle a Allah lo que os dé la gana mientras que en Arabia los cristianos no podemos asistir a ninguna iglesia porque están prohibidas y debemos jugarnos nuesta seguridad para asistir a misas clandestinas.
Pensad, musulmanes, que en líneas generales se os mira con respeto en occidente mientras que, por ejemplo en Arabia, a los cristianos se les considera infieles (kuffar) y se persigue duramente todo intento de proselitismo.
Pensad, musulmanes, en definitiva, la suerte que tenéis de no vivir en Arabia, la Roma islámica, porque entonces íbais a sentir en todo su esplendor cómo se comportan los guardianes de la fe con todo el mundo, cómo se obliga a toda mujer (extranjeras incluídas) a ir cubierta y llevar abaya, cómo se prohíbe a la mujer (extranjeras incluídas) conducir un coche o viajar sola.
Pensad y disfrutad. Es ramadán y vivís en occidente. Sois libres, sí, pero no precisamente gracias al islam, la verdad.
NOTA: a mis amigos y conocidos musulmanes, no me vengáis con el cuento de que lo de Arabia no es islam. Eso se lo decís al Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas. Que tengáis un feliz ramadán.

domingo, 15 de julio de 2012

Emigrar




Yo quería ser escritor. Para conseguir este objetivo y, en contra de los deseos de mi padre que se dedicaba al Derecho, empecé a estudiar Filología Hispánica. Allí descubrí el árabe, lengua que se estudiaba entonces como asignatura adicional por elección frente al hebreo y el griego clásico. El flechazo con el árabe fue instantáneo. Quizás buena parte de la culpa la tuviera nuestra profesora, la Dra. Soledad Gibert, una eminencia del arabismo de la escuela de Miguel Asín Palacios y Emilio García Gómez. Saqué Matrícula de Honor en el primer curso de árabe. Luego saqué Matrícula de Honor en el segundo curso de árabe. Empecé a ganarme la vida dando clases particulares de árabe a los alumnos de primero y a los de mi curso. El idioma árabe se había convertido en una vocación, por no decir una pasión. 

Cambié de especialidad. Acabé la carrera con mi flamante título de Licenciado en Filología Semítica (opción árabe e Islam). Estudié dos años de hebreo. Hice la mili. Y caí de bruces en el mundo real.

Busqué trabajo en sitios diversos mientras seguía dando clases particulares de árabe. Trabajé un verano en una editorial pasando al ordenador el Diccionario de Árabe del profesor Julio Cortés para su posterior edición e impresión. Me pagaban muy poco, pero entonces yo valoraba otras cosas. Pasó el tiempo. Dos, tres años en el paro. Estaba claro que había que hacer algo. 

Y me fui. Un buen día surgió una magnífica oportunidad para emigrar. La Cámara de Comercio e Industria buscaba jóvenes licenciados que hablaran inglés y algún otro idioma raro, preferentemente árabe, ruso o chino para enviarles como becarios al extranjero. Me dieron la beca y me marché de becario a Arabia. Luego me quedé trabajando para la Administración Española en el exterior 10 años. Hace 11 años me fichó una empresa española y desde entonces vivo entre España y Oriente Medio. 

No me arrepiento de mi decisión. Me hubiera gustado vivir en Madrid toda mi vida, pero no podía ser sin depender de mis padres. Mi vida ha sido distinta a la del español medio pero siempre he conseguido mantenerme con mi salario sin molestar a nadie. Lo hice en silencio, sin protestar. No me indigné, ni ocupé plazas reclamando un supuesto privilegio ni exigiendo al Estado que me mantuviera. Simplemente llegó un momento en el que entendí que mi vida dependía de mí mismo y que tenía que trabajar, en España o fuera. 

Por eso me sorprende ver cómo en España la gente no para de reclamar al Estado que les resuelva sus problemas. El grito revolucionario del "¿Qué hay de lo mío?" se ha impuesto en nuestros pueblos y ciudades. Y yo sé que el Estado no nos va a ayudar. Por eso me fui, emigré, no por la belleza de los desiertos arábigos o el magnetismo del minimalismo espiritual wahhabí. No. Emigré por dinero. Por trabajar, tener un sueldo, mantener una familia, y mirarme cada día al espejo sabiendo que sigo siendo yo. 

Pero no me hagáis caso, ya sabéis que yo soy un tipo muy raro. 

jueves, 12 de julio de 2012

Un viaje al Yemen

Acabo de regresar de un corto viaje a Sanaa, Yemen. Y, justo cuando estaba viajando de vuelta, se ha producido un atentado terrorista de Alqaeda en la Academia de Policía de Sanaa con varios muertos. 

No voy a contar mucho de Sanaa. Sólo decir que estuve en los años 90 y había muchos turistas occidentales. Entonces ya era peligroso salir de las ciudades pero Sanaa era lugar seguro. Ahora no he visto casi ningún occidental, se oyen disparos y ráfagas de metralleta por las noches, ves gente armada por la calle (guardaespaldas, servicios de seguridad de contratistas, etc.) y la Embajada de España recomienda no viajar al país a no ser que sea estrictamente necesario. Sin embargo, nuestro hombre en Sanaa, nos dice que todo eso son exageraciones (el atentado de Alqaeda vino después), que no hay problemas de relevancia. En fin, es lo mismo que me dijo nuestro socio en Libia una semana antes de las revueltas. 

El Yemen es un país muy interesante, una pena que esté como está. Os dejo unas fotos de la ciudad vieja (la basura se debe a que había huelga de basureros). Espero que os guste.