domingo, 6 de mayo de 2012

Andaluces de Jaén

Me lo cuenta mi amigo C., que acaba de comprarse unas gafas nuevas en Sevilla. 


El caso es que, a la hora de graduarse la vista le dan una especie de libro para comprobar su vista de cerca. El libro lo proporciona la empresa fabricante de lentes Carl Zeiss a las ópticas. La sorpresa vino cuando mi amigo tuvo que leer en dicho libro el poema de Miguel Hernández "Andaluces de Jaén", ése que reza así:



    Andaluces de Jaén,
    aceituneros altivos,
    decidme en el alma, ¿quién,
    quién levantó los olivos?

    No los levantó la nada,
    ni el dinero, ni el señor,
    sino la tierra callada,
    el trabajo y el sudor.

    Unidos al agua pura
    y a los planetas unidos,
    los tres dieron la hermosura
    de los troncos retorcidos.

    Levántate, olivo cano,
    dijeron al pie del viento.
    Y el olivo alzó una mano
    poderosa de cimiento.

    Andaluces de Jaén,
    aceituneros altivos,
    decidme en el alma ¿quién
    quién amamantó los olivos?

    Vuestra sangre, vuestra vida,
    no la del explotador
    que se enriqueció en la herida
    generosa del sudor.

    No la del terrateniente
    que os sepultó en la pobreza,
    que os pisoteó la frente,
    que os redujo la cabeza.

    Árboles que vuestro afán
    consagró al centro del día
    eran principio de un pan
    que sólo el otro comía.

    ¡Cuántos siglos de aceituna,
    los pies y las manos presos,
    sol a sol y luna a luna,
    pesan sobre vuestros huesos!

    Andaluces de Jaén,
    aceituneros altivos,
    pregunta mi alma: ¿de quién,
    de quién son estos olivos?

    Jaén, levántate brava
    sobre tus piedras lunares,
    no vayas a ser esclava
    con todos tus olivares.

    Dentro de la claridad
    del aceite y sus aromas,
    indican tu libertad
    la libertad de tus lomas.

Y todavía algunos se preguntan por qué Andalucía está como está y por qué la izquierda sigue manteniendo allí el poder.