(Cartel a la entrada del Restaurante Marina, en Ankawa)
Acabo de regresar de Erbil, capital de la región autónoma del Kurdistán (Iraq). Aparentemente el Kurdistán iraquí es el próximo mercado emergente. Tienen petróleo, es una zona segura y está todo por hacer. Además no hay peligro de que caiga en una guerra porque acaba de salir de una, cosa que se nota en la apariencia triste de los kurdos.
Lo primero que me llamó la atención durante el vuelo es que el avión iba lleno de americanos y europeos. En el avión escuché a dos españoles que viajaban juntos. Eran de Repsol. Bueno, pensé, si Repsol ya está por aquí la cosa no puede ser tan mala. Aunque también estaban en Trípoli cuando yo viajaba por allí una semana antes de la guerra. En fin...
La terminal de llegadas del aeropuerto de Erbil es nueva, grande, limpia y, posiblemente, sobredimensionada. La han debido de inaugurar hace poco porque todavía no se ha llenado de tiendas a pesar de tener los locales ya preparados. Lo bueno es que, con un pasaporte europeo, no necesitas visado. Te sellan tu pasaporte y puedes estar en el país 10 días sin que nadie te diga nada. Confieso que iba con una cierta precaución. No sabía muy bien lo que me iba a encontrar, y siempre que viajo a un país nuevo me pasa lo mismo. Me gusta saber dónde voy, qué es lo que tengo que hacer, dónde puedo cambiar euros a la moneda local, dónde se pide el visado, etc. No me gusta llegar a un destino sin saber lo que me voy a encontrar, y si ese destino está en Iraq (a pesar de ser una región autónoma) peor. El caso es que tras pasar el control de pasaportes allí estaba el tipo del hotel Divan, un cinco estrellas de una cadena hotelera turca, algo que me tranquilizó bastante. Monté en su coche (un 4x4 con el logo Hello Taxi) y nos fuimos. A los 5 minutos llegamos al control de acceso y salida del aeropuerto. Allí una especie de fuerzas de policía o paramilitares (nunca lo supe) pararon el coche y empezaron a hablar en kurdo con mi conductor. Me señalaban y hablaban. Yo, que no hablo kurdo, me limitaba a esperar. Entonces vino mi primer momento de duda, mi conductor me dijo en árabe: "Tiene usted que bajarse y coger otro coche". Aquello sonaba raro, ¿por qué tenía yo que bajarme del coche del hotel y cambiar de transporte? Además, ¿de quién era el otro coche? En fin, hice caso y me señalaron otro 4x4 con otro conductor. Me fijé que también era de la empresa Hello Taxi, pero reconozco que pensé que, si alguien quisiera secuestrarme, yo era en aquel momento un objetivo muy fácil. Sin embargo llegué al hotel.
El hotel Divan es nuevo. Aparentemente hace menos de un mes que fue inaugurado. Me gusta porque es moderno, limpio y práctico. Una cosa que suelo agradecer es la uniformidad en los hoteles cuando voy de trabajo. Me gusta saber dónde está cada cosa sin tener que perder tiempo en encontrarla: la recepción, la cafetería para el desayuno, el interruptor de la luz en la habitación, la papelera del baño, etc. Para alguien que no viaje mucho pueden parecer tonterías, pero a mí me ayudan a sentirme más en casa, o al menos me libran de preocupaciones tontas cuando tengo que estar concentrado en otras cosas. Y por suerte cada vez se parecen más los hoteles buenos. En este sentido el hotel Divan me pareció un hotel magnífico con un personal muy bien entrenado y capacitado. Por otra parte pude comprobar que la mayoría eran extranjeros: una tunecina (antigua azafata, según dijo), un iraní que hablaba un inglés impecable, una keniata, un albanés, un indio... Si vuelvo a Erbil creo que repetiré hotel. Y si alguien me pregunta por un buen hotel en Erbil se lo recomendaré.
Pude ver poco de Erbil. Nuestro socio local, kurdo católico, nos llevó a cenar a Ankawa, el barrio cristiano. Estuvimos en uno de los mejores restaurantes de Erbil, el Marina, un sitio enorme (como una gran sala de bodas) un tanto oscuro donde había un grupo de música local cantando. Sin embargo, una de las cosas que más me llamó la atención fue el cartel de la puerta en el que decía que no se podía entrar con armas al local (ver foto). Nuestro socio me explicó que un 3% de la población del Kurdistán son católicos caldeos, hablan kurdo, árabe y siriaco (un dialecto del arameo). Me explicó que viven en paz ahora y que con Saddam vivían sin mayores problemas. Esto ya lo había visto yo en mi primer viaje a Baghdad en 2001 cuando pude comprobar que con Saddam el Estado Iraquí carecía de religión oficial y los cristianos vivían en paz. Luego decidimos acabar con Saddam y vino el horror que ha vivido Iraq durante los últimos 7 años. Ahora la mayoría de los cristianos de Baghdad han abandonado el país por miedo a ser asesinados. Algo que veremos repetirse con los cristianos de Egipto y Siria. En fin.
(Bar del Marina, con todo tipo de bebidas alcohólicas. La foto es muy mala por falta de luz).
A la mañana siguiente tuve una reunión de trabajo, comí en el hotel y por la noche nos llevaron a cenar a un restaurante típico árabe: el Abu Shahab. Mi vuelo (que salía a las 4 de la madrugada) se retrasó por una tormenta de arena pero pude volver a casa.
(Cervecita en el hotel Divan).
Aunque no he podido ver casi nada y queda pendiente un post turístico para futuras ocasiones, tengo la impresión de que el Kurdistán iraquí es un buen destino para trabajar. Estoy convencido de que pronto oiremos hablar mucho de Erbil. Es una ciudad en la que todo está por hacer. Tienen recursos económicos amplios (petróleo) y ganas de trabajar. Por motivos políticos no parece que los kurdos tengan mucho interés en trabajar con China o Rusia (me extrañó no encontrarme con ningún chino) y parece que ven con muy buenos ojos a americanos y europeos. Si alguno de vosotros está buscando trabajo que piense en Erbil como un destino posible. Yo tengo claro que volveré pronto a Erbil.



